La volatilidad política en el Reino Unido ha sumado un nuevo factor de riesgo internacional. Ante las crecientes versiones que apuntan a la renuncia del primer ministro Keir Starmer este lunes —debido al colapso del Partido Laborista en los recientes comicios regionales—, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado la presión sobre Londres, exponiendo las profundas grietas en la cooperación bilateral.
A través de un comunicado en Truth Social, Trump anticipó la salida de Starmer atribuyendo el desenlace a deficiencias estructurales en la gestión de la inmigración y la agenda energética británica.
El factor Mar del Norte y el choque con Irán
La intervención de la Casa Blanca no responde únicamente a la afinidad política, sino a un cálculo estratégico de seguridad energética. En el mismo mensaje, Trump instó explícitamente a Downing Street a reactivar e incrementar la explotación petrolera en el Mar del Norte:
«¡Abran el petróleo del Mar del Norte!»
Esta demanda se produce en un contexto de alta volatilidad en los mercados de materias primas. El conflicto bélico con Irán y las constantes fricciones operativas en el estrecho de Ormuz han estrangulado los flujos de crudo de Oriente Medio, encareciendo los costes globales. Para Washington, la reactivación de la cuenca británica es clave para estabilizar la oferta en Occidente.
Balance de una alianza en mínimos históricos
El aparente mensaje de cortesía con el que Trump cerró su publicación («¡Le deseo lo mejor!«) contrasta con el desgaste real de los lazos diplomáticos entre ambos líderes. Lo que comenzó como un intento de pragmatismo bilateral mutó rápidamente en un distanciamiento estratégico.
- El detonante: El conflicto iraní marcó la pauta. La negativa inicial de Starmer a subordinar la inteligencia y las bases militares británicas a las operaciones ofensivas de EE. UU. debilitó la confianza de la Casa Blanca.
- La respuesta de EE. UU.: Trump enfrió el estatus de la alianza al declarar que la relación «ya no es lo que era», limitando la cooperación a canales formales mínimos.
- Uso político interno: En los últimos meses, Starmer intentó instrumentalizar este distanciamiento ideológico con Washington como una herramienta de política interna para cohesionar a su base electoral, una estrategia que finalmente no logró contener el castigo en las urnas.
Con el liderazgo británico en un punto de reconfiguración forzosa, los mercados y los aliados de la OTAN observan con atención si el sucesor de Starmer optará por el alineamiento energético que exige Trump o mantendrá la autonomía geopolítica de las islas.
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