Corredor Bioceánico Biobío: Las regiones exigen pasar de la simple ruta de carga al motor industrial profundo

Por décadas, los proyectos de integración sudamericana se han diseñado sobre un mapa conceptual plano: trazar una línea, pavimentar una ruta y dejar que los camiones crucen de un océano a otro. Sin embargo, el dinamismo económico de 2026 exige un cambio de paradigma urgente. Las fronteras ya no pueden ser meros puntos de control aduanero; deben convertirse en plataformas de servicios y agregación de valor.

Esta fue la principal conclusión que unió las voces de los gobernadores de Antofagasta, Ricardo Cortés; Atacama, Miguel Vargas y de Biobío Sergio Giacaman, durante el foro “Corredores de integración territorial, las definiciones que faltan”, un espacio de debate organizado por el Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI). En el encuentro, las autoridades regionales lanzaron un mensaje directo al poder central y al sector privado: el futuro de la competitividad local depende de inversiones drásticas en puertos, ferrocarriles y pasos fronterizos.

De la ruta de asfalto al corredor de valor

Desde el norte grande, el Gobernador de Antofagasta, Ricardo Díaz Cortés, delineó la nueva filosofía que debe guiar estas macroobras. Para la autoridad, los corredores bioceánicos tienen que dejar de ser simples franjas de tránsito de carga para transformarse en auténticos ecosistemas de desarrollo.

«En un corredor, la carga no solamente fluye, sino que se le agrega valor, se genera industria, servicios, y así, en los territorios se va generando inversión, más empleo y comercio». — Ricardo Díaz Cortés, Gobernador de Antofagasta.

El objetivo planteado es la creación de empresas mancomunadas entre productores y distribuidores internacionales, permitiendo que la riqueza no solo pase de largo hacia los terminales marítimos, sino que eche raíces en el territorio.

Atacama y la mirada hacia el gigante minero trasandino

A su vez, la Región de Atacama observa con atención el auge de la minería al otro lado de la cordillera. El Gobernador Miguel Vargas planteó la necesidad crítica de robustecer la infraestructura que conecta a Chile con Argentina en la zona norte, vinculando el potencial trasandino con los puertos estratégicos de Chañaral, Caldera y Huasco.

Además de potenciar el ya existente Paso Pircas Negras —que conecta con la Provincia de La Rioja—, Vargas puso sobre la mesa una nueva oportunidad geopolítica: la creación de un corredor inédito hacia la provincia de San Juan, cuyo crecimiento minero exponencial representa un mercado clave y un dinamizador directo para la economía de Atacama.

Biobío: El nodo energético y el retorno del tren

En el sur del país, la apuesta del Biobío combina la conectividad física con la soberanía energética. El Gobernador Sergio Giacaman fue categórico en su diagnóstico: «sin logística eficiente no hay desarrollo posible».

Bajo esta premisa, la región ha concentrado sus esfuerzos en el Paso Pichachén, una ruta de conexión con Neuquén que ya cuenta con una inversión de USD 22 millones. Las proyecciones para este punto son inmediatas: Giacaman anunció que el próximo 11 de junio se desarrollará una cumbre bilateral de alto nivel entre gobernadores, cancilleres y ministros de Energía de Chile y Argentina. El objetivo central es suscribir un acuerdo definitivo que priorice el tránsito de exportaciones de gas y petróleo desde los yacimientos argentinos directamente hacia la matriz industrial del Biobío.

Para soportar este flujo, Biobío no descarta recurrir al modelo de concesiones público-privadas, particularmente para reactivar e integrar el ferrocarril de carga. «Tengo la convicción de que el Estado puede facilitar la inversión», enfatizó la autoridad local.

Un impulso que nace desde la periferia

El debate dejó en claro que la inercia del centralismo ya no es una opción para las regiones que limitan con los mercados globales. Carlos Cruz, director ejecutivo del CPI, concluyó el encuentro relevando el rol protagónico que han asumido las administraciones locales.

A juicio de Cruz, la integración con las naciones vecinas es una función que hoy se está desplegando con fuerza desde las propias regiones, demostrando que cuando un territorio fronterizo moderniza sus aduanas, sus vías o sus puertos, no solo genera oportunidades para sus habitantes, sino que redefine el estándar de crecimiento para todo el país.

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