De Juan Paulo Alarcón
Director de Arquitectura U. Andrés Bello
A poco más de un mes de haber asumido, la gestión del ministro de la Vivienda, Iván Poduje, vuelve a poner sobre la mesa uno de los principales desafíos del desarrollo urbano: transformar cifras, indicadores y metas —que año a año suelen asumir compromisos crecientes— en una auténtica visión de país.
No se trata sólo de cumplir objetivos cuantitativos, sino de orientar el desarrollo de nuestras ciudades, barrios y viviendas desde lógicas que promuevan la democratización del espacio público, un equilibrio real en la inversión entre comunas de distintos ingresos y una relación más armónica con el medio ambiente.
Hablar de desarrollo exige hoy pensar en espacios colectivos y de encuentro de calidad, capaces de articular la ciudad en lugar de segregarla, así como en proyectos que comprendan el habitar como una dimensión social antes que meramente administrativa.
En ese marco, la valoración hacia el ministro Iván Poduje debiera sostenerse menos en el estilo personal y más en su capacidad de traducir esa visibilidad en decisiones estructurales, que impacten positivamente en la vida cotidiana de las personas y en la calidad de nuestras ciudades.





