La prolongación del conflicto en Oriente Medio ha asestado un duro golpe a la estabilidad financiera global. Al entrar en su segunda semana sin visos de tregua, el temor a una crisis de suministros ha provocado un lunes negro en los mercados: mientras las bolsas internacionales se teñían de rojo, el precio del petróleo protagonizaba un rally frenético, disparándose un 30% y rozando brevemente la barrera de los US$120 por barril.
La onda expansiva comenzó en Asia y se extendió con fuerza a Europa, donde plazas clave como Madrid, París y Milán abrieron con desplomes superiores al 2,5%. En este escenario de incertidumbre, los inversores han abandonado los activos de riesgo para refugiarse en el dólar estadounidense, que ha recuperado valor como escudo ante la volatilidad de los índices de Wall Street.
Sin embargo, el epicentro del pánico se situó en el sector energético. Los ataques reportados contra campos petrolíferos en Irak, sumados a los recortes de producción en Kuwait y Emiratos Árabes tras ofensivas iraníes, han estrangulado la oferta. Como resultado:
- El crudo WTI escaló hasta los US$104,96, tras un pico momentáneo de casi US$120.
- El Brent europeo se situó por encima de los 108 dólares.
- El gas natural en el mercado neerlandés (TTF) sufrió un incremento inmediato del 30%, encareciendo aún más la factura energética del continente.
Con la producción bajo fuego y las cadenas de suministro en vilo, la economía global enfrenta ahora el desafío de contener una inflación energética que parece no tener techo mientras las armas no callen.
SOJ





