Walter García, Clara Arteaga, Alfonso Soto, Omar Fuentealba, Francisco Grüebler, Charles Araya.
Bajo el cielo de la Región de Los Lagos, el Valle del Itata y el Hotel Museo El Greco de Puerto Varas sellaron un pacto de identidad y excelencia. Con un éxito total de convocatoria y un anuncio comercial sin precedentes, la cita no solo fue un triunfo para la vitivinicultura nacional, sino también un puente solidario hacia los afectados por los incendios forestales.
Con el marco inconfundible del Lago Llanquihue, los productores del Valle del Itata pusieron el broche de oro a un fin de semana que quedará registrado como un hito para la zona. La cita, que reunió a destacados viñateros y entusiastas del vino, se consolidó como una vitrina de lujo para las cepas ancestrales que hoy posicionan a esta zona del Ñuble en el mapa mundial del vino.
Un brindis por la tradición y el terroir
El evento trascendió la clásica degustación para convertirse en un viaje sensorial por los campos de Chile. Los asistentes disfrutaron de la frescura y complejidad de variedades como el Cinsault, Moscatel de Alejandría, Semillón, Sidra, Cabernet Sauvignon y País, todas cultivadas bajo el sistema de rulo y con siglos de historia a cuestas.

Enólogo Omar Fuentealba explicando el aspecto técnico de los vinos.
La aceptación de los mostos fue de tal magnitud que Alfredo Soto, Gerente General del Hotel Museo El Greco, realizó un anuncio que marcó un antes y un después para la industria local: «En la carta de vinos de nuestro hotel vamos a disponer solo y exclusivamente productos del Valle del Itata de manera permanente». Este compromiso asegura que la vitivinicultura de autor del Itata tendrá un hogar definitivo en uno de los puntos turísticos más importantes del país.
El veredicto del público: Testimonios de una velada excepcional
Al término de la gran cena con mostos del Itata, el público asistente no escatimó en elogios para la calidad de los vinos de Ñuble.
Para Ana Villanueva, la experiencia fue impecable: «Los vinos fueron correctamente elegidos para cada ocasión. Una decisión muy acertada. Me gustó mucho que los productores del Itata nos hayan explicado la procedencia de cada uno de los vinos que probamos con el maridaje de los alimentos». En la misma línea, Luis Mirante subrayó el valor cultural de la jornada: «Conocer las viñas que uno en lo normal no conoce significa un aporte al conocimiento y a la cultura general. Los maridajes de los vinos fueron perfectos con cada plato».
Por su parte, Fabián Aude destacó la exclusividad del encuentro: «Me pareció una velada maravillosa. Una experiencia única. No es normal que en Puerto Varas se puedan probar esta calidad de vinos con tanta tradición y tanta historia. A mí me pareció muy bien, el ambiente fue casi como un curso de cata, con comida familiar y salida de fin de semana. Fue un gran panorama. A mí, de los vinos, el que más me gustó fue el Cinsault porque tiene una cosa única que no había probado nunca».
La mística del Hotel Museo El Greco: Un refugio familiar

Incluso ante el masivo interés, la atmósfera del recinto dejó una huella profunda. Ayleen Manso, estudiante de Psicología de 19 años, y su madre —pasajeras del hotel provenientes de Curacaví— lamentaron no haber podido participar debido a que los cupos se agotaron rápidamente, pero destacaron la calidez del lugar. «Sentimos mucho no poder estar en la actividad aquí en el hotel museo El Greco de Puerto Varas, que nos encantó porque se vive un ambiente muy familiar. Vamos a volver sí o sí», aseguró Ayleen.
Su madre, quien se desempeña como jefa de Dulces Millahue en la Ruta 68, complementó esta visión desde su propia experiencia laboral: «Es un lugar muy hermoso, relajador. Se agradece porque yo vengo permanentemente con un estrés personal. Este hotel está a cargo de un grupo de personas muy atento. El hotel museo El Greco ha estado permanentemente atento a las personas como en la casa, y eso no se da en otros hoteles».
El balance de los líderes viñateros: Éxito y proyección
Para los productores del Ñuble, el balance fue de victoria absoluta. Walter García, Presidente de la asociación gremial de los viñateros del Itata, expresó su gratitud: «Traer un pedazo del Itata a Puerto Varas ha sido una experiencia gratificante. Fuimos acogidos de manera espectacular con toda la infraestructura del Hotel Museo El Greco y su personal. La respuesta de la gente demuestra que el paladar de Puerto Varas valora la identidad y el patrimonio líquido de nuestra tierra. Fue de lleno total, incluso de personas que deseaban estar pero por la capacidad del recinto no fue posible. Queremos programar una nueva visita para los que se perdieron las catas».
Omar Fuentealba, enólogo y vicepresidente de la agrupación, proyectó un crecimiento conjunto: «Vinimos con una muy buena recepción, pero también una muy buena proyección con el gerente Alfredo Soto. Se nos ha abierto una puerta desconocida y muy interesante. Muy contento y agradecido».
Asimismo, Francisco Grüebler, director de la A.G., manifestó su satisfacción al ver el fruto del trabajo propio: «Muy contentos de haber podido participar y poder mostrar los vinos del Valle del Itata, que son nuestros propios vinos que los producimos nosotros mismos. Nos fue muy, muy bien. Con muy buena acogida de parte de la gente que vino y que probó nuestros mostos. Realmente nos dimos cuenta de que quedaron contentos. Así es que muy agradecido de la atención del hotel».
Un puente entre regiones y un fin solidario
Desde la perspectiva ejecutiva del hotel, Charles Araya resaltó la coordinación logística y el impacto interregional: «Fue una actividad muy bien coordinada, se cumplieron con los objetivos que eran dar a conocer las cepas patrimoniales. El hotel pudo prestar este servicio a esta comunidad de vitivinicultores para posibilitar contactos comerciales y también para ayuda a los itata. Esto quiere decir que se puede trabajar entre dos regiones, entre Biobío y Los Lagos. Agradecemos a la comunidad por participar y conocer variedades de vinos patrimoniales, ancestrales y orgánicos».
El fin de semana cerró no solo con la promesa de futuras versiones que fortalezcan el lazo comercial entre el Ñuble y Los Lagos, sino con un noble gesto: la recaudación solidaria destinada a los damnificados por los incendios forestales del Valle del Itata, demostrando que detrás de cada botella hay una comunidad unida y resiliente.
SOJ





