TVN y El dolor del baile de «los que sobran»: No puede pretender ser privada y pública a la vez. Columna de Pepo Sepúlveda

El debate sobre el nuevo financiamiento para Televisión Nacional (TVN) ha dejado de ser una discusión técnica para transformarse en el réquiem de un modelo agotado. Mientras la Comisión de Hacienda baraja un fondo patrimonial de US$ 30 millones, las cifras que emanan de la señal pública son el eco de un fracaso estratégico: para 2025 se proyectan pérdidas operacionales que superan los $5.200 millones, escalando a un déficit total de $15.156 millones.

TVN lleva años atrapada en una crisis de identidad esquizofrénica. Por un lado, se escuda en su «misión pública» para justificar salvatajes estatales; por otro, intenta jugar a ser una empresa privada que compite con los grandes holdings. Pero el mercado es un juez implacable y, en esa competencia feroz por el rating, la señal estatal se ha quedado «pateando piedras».

El remate del patrimonio: Concepción como símbolo

No hay mejor metáfora de esta decadencia que el desmantelamiento de su presencia regional. La sede de la Avenida Vasco Núñez de Balboa, en Concepción, es hoy una pieza más en el tablero de liquidación de la señal. Con 2.509mts2 de terreno y una infraestructura de 421mts2, el inmueble ha sido tasado en UF 42.000 (unos $1.644 millones).

Esta no es una movida aislada: es una de las seis propiedades que el canal busca rematar a lo largo de Chile para intentar frenar una embolia financiera que parece no tener fin. Mientras el cartel de «se vende» cuelga en sus antiguos centros de operación, el canal ha tenido que buscar refugio como allegado: hoy, TVN opera desde las instalaciones de la Universidad del Bío-Bío, evidenciando una pérdida total de autonomía territorial.

Una danza de ineficiencia

A pesar de los intentos por modernizarse —hablando de Inteligencia Artificial y ficciones para TikTok—, la realidad es que TVN se quedó bailando la danza de «los que sobran». Su estructura elefantiásica no ha sabido adaptarse a un ecosistema digital que no entiende de «obligaciones públicas», sino de audiencias reales que ya migraron a otras plataformas.

Los parlamentarios tienen razón en desconfiar: ¿Es ético aprobar un «cheque en blanco» mientras el canal liquida sus activos para subsistir? Como señaló el diputado Jorge Alessandri, cada peso destinado a salvar esta gestión es un peso que se le resta a la reconstrucción o a las listas de espera en hospitales.

El Estado de Chile debe dejar de financiar una fantasía. No se puede jugar a ser privado cuando hay ganancias y clamar por el servicio público cuando llegan las deudas. Si TVN no define su norte, seguirá siendo ese actor que se queda en la esquina viendo pasar el progreso, frustrado y, definitivamente, solo.

Pepo Sepúlveda
Periodista-MBA