En una jornada que combinó la revisión de hitos estratégicos y la respuesta inmediata ante la emergencia, el subsecretario del Interior, Víctor Ramos, concluyó su visita a la Región del Biobío consolidando un mensaje de avance estructural. La gira, marcada por la coordinación con autoridades de seguridad y defensa, ratificó que la zona sur del país atraviesa su periodo de mayor estabilidad en los últimos cuatro años.
Un quiebre en la curva de violencia El dato que define la gestión es la drástica caída del 78,6% en los hechos de violencia rural en la Macrozona Sur. Mientras que en 2022 la región enfrentaba 1.161 incidentes, el 2025 cerró con 359 casos, un retroceso histórico de la criminalidad que ha permitido cifras récord en turismo en Arauco y una reactivación comercial sin precedentes en Malleco y Cautín. «No hay que retroceder, sino profundizar esta senda que ha llevado el Gobierno», enfatizó Ramos, vinculando la seguridad con la caída de la pobreza por ingresos en el Biobío, que bajó del 22,5% al 19,3% bajo la actual administración.
Inversión pública y respuesta ante el fuego Esta pacificación ha ido de la mano con el Plan Buen Vivir, que ha inyectado más de $72 mil millones de pesos en infraestructura crítica para la región, destacando obras como el Puente Chichintahue en Alto Biobío. Sin embargo, el desarrollo convive con la amenaza climática: la autoridad supervisó en terreno el Plan Nacional Contra Incendios Forestales 2025-2026, que hoy cuenta con el doble de recursos que hace cuatro años, desplegando a más de 3.000 brigadistas y 73 aeronaves para proteger hogares y ecosistemas.
Con una pobreza multidimensional del 12,3% —por debajo del promedio nacional— y un Estado fortalecido en el territorio, el Biobío se posiciona hoy como el referente de una transición que logró transformar la crisis en una oportunidad de desarrollo sostenible y con paz social.
SOJ





