El hallazgo del cuerpo del último tripulante eleva a seis el número de víctimas mortales tras el accidente del avión de la Marina mexicana. La densa niebla en Galveston sepultó el sueño de salvar a un niño de dos años.
Lo que debió ser un traslado de emergencia hacia la esperanza se transformó en una catástrofe marítima. La Secretaría de Marina de México confirmó la localización del sexto y último cuerpo tras el desplome de una de sus aeronaves de transporte ligero en las inmediaciones de Galveston. Con este hallazgo, se cierra el capítulo de búsqueda para abrir uno de duelo nacional: seis fallecidos y dos sobrevivientes es el saldo de un siniestro que ha conmovido a ambos lados de la frontera.
Una carrera contra el tiempo interrumpida
La misión tenía un objetivo noble y urgente: salvar la vida de un niño de apenas dos años, quien presentaba quemaduras severas. El traslado, coordinado entre la Armada de México y la Fundación Michou y Mau, despegó desde Mérida con destino al Hospital Pediátrico Shriner’s en Texas, centro de referencia mundial para pacientes quemados.
Sin embargo, el bimotor nunca llegó a la pista del Aeropuerto Internacional Scholes. A pocos kilómetros de su destino, la aeronave desapareció en las aguas del Golfo de México. Entre las víctimas fatales se encuentran:
- El menor de dos años, cuya lucha por sobrevivir terminó de forma abrupta en el accidente.
- Tres miembros de la tripulación naval, dedicados a misiones de apoyo humanitario.
- Dos civiles adicionales, que formaban parte del equipo de asistencia.
Supervivencia entre los restos
En medio del horror, el milagro se hizo presente para dos mujeres. Una enfermera de la Marina y la madre del niño fallecido lograron ser rescatadas de las aguas. Según el último informe oficial, ambas se encuentran estables, aunque bajo una profunda vigilancia médica y psicológica, enfrentando el trauma de haber sobrevivido a un impacto que cobró la vida de sus compañeros y, en el caso de la madre, de su hijo.
Análisis: El factor meteorológico bajo la lupa
Si bien la investigación técnica apenas comienza, los testimonios de la zona y los datos de FlightRadar24 apuntan a un enemigo invisible: la niebla. En el momento del siniestro, la visibilidad en la costa texana era prácticamente nula, un factor crítico para aeronaves de transporte ligero en fase de aproximación.
La tragedia pone de relieve los riesgos extremos que asumen las tripulaciones aeronavales en misiones médicas internacionales, donde la urgencia del paciente obliga a menudo a operar en límites meteorológicos ajustados.
El cierre de la misión
Con la recuperación del cuerpo del último agente naval este martes, la Guardia Costera de EE.UU. y la Armada de México dan por terminada la fase de rescate. Ahora, la atención se centra en la repatriación de los cuerpos y en el peritaje de la aeronave para determinar si, además de la visibilidad, existió algún fallo mecánico en el bimotor que partió de Yucatán con una promesa de vida y regresó convertido en luto institucional.
SOJ





