Investigadores lideran una revolución silenciosa en el Valle del Itata: transformar toneladas de orujo de uva en suplementos funcionales que prometen reducir el metano y mejorar la calidad de la carne y leche chilena.
En el corazón del Valle del Itata, la industria del vino está dejando de ver sus desechos como un problema ambiental para entenderlos como una oportunidad de negocio. Bajo la premisa de que en la naturaleza «nada se pierde», un equipo multidisciplinario de las facultades de Veterinaria, Agronomía e Ingeniería Civil Agrícola de la UdeC está convirtiendo el orujo de uva en la pieza clave de una nueva ganadería regenerativa.
1. Ciencia contra el cambio climático: Menos metano, mejor carne
El proyecto, liderado por el Dr. Jorge Ávila Stagno y financiado por CORFO, no solo busca alimentar animales, sino modificar su biología para bien. El secreto reside en los polifenoles y antioxidantes naturales de la uva.
- Impacto Ambiental: Los resultados preliminares indican que este suplemento modifica los procesos digestivos de rumiantes, reduciendo drásticamente las emisiones de metano y amoníaco, gases críticos en el calentamiento global.
- Calidad Nutricional: La dieta enriquecida mejora el perfil de ácidos grasos en carne y leche, entregando productos más saludables para el consumidor final.
- Bienestar Animal: Los componentes de la uva actúan como un escudo sanitario natural, mejorando la salud interna del ganado.
2. Ingeniería en el campo: El reto de la estabilización
Transformar el residuo en recurso requiere precisión técnica. El académico Pedro Melín explica que la Facultad de Ingeniería Civil Agrícola ha desarrollado procesos de prensado y secado controlado. Este tratamiento permite separar la pepa del orujo y estabilizarlos para su almacenamiento, asegurando que las propiedades nutricionales no se degraden y puedan ser molidas e incorporadas en raciones precisas.
3. El modelo «Itata»: Economía circular y uvas patrimoniales
La estrategia va más allá de la ganadería. La Dra. Sandra Suescún y el enólogo Guillermo Pascual (Agronomía) han integrado esta investigación con el proyecto IFI Itata, creando una cadena de valor que comienza en la cepa y termina en el corral:
- Jugos Funcionales: Se utilizan variedades patrimoniales como Moscatel y País para crear jugos de alto valor agregado.
- Subproductos: El residuo de esta producción se procesa para crear bloques multinutricionales y ensilajes para bovinos, ovinos y caprinos.
- Territorio: El Seremi de Agricultura, Antonio Arriagada, destaca que esta es la respuesta concreta para diversificar la industria del Valle del Itata, entregando soluciones reales a los pequeños viñateros.
Análisis: Una respuesta sistémica a la crisis hídrica y forrajera
La importancia de este proyecto radica en su enfoque sistémico. En un escenario de escasez forrajera por el cambio climático, utilizar los residuos de la vendimia ofrece una alternativa de bajo costo y alto impacto. Ya no se trata de facultades operando de forma aislada, sino de un «engranaje» que conecta el laboratorio con el productor primario.
El horizonte está fijado en 2026, año en que se entregarán los resultados definitivos al sector vitivinícola y ganadero. Lo que hoy vemos en los talleres prácticos de Chillán es el prototipo de una industria agroalimentaria chilena que no solo produce, sino que regenera su entorno.
SOJ





