Las tensiones diplomáticas entre China y Taiwán han desencadenado varias situaciones muy complejas en los últimos tiempos. Desde Pekín ven a la isla asiática como una amenaza a su concepto de nación unida —lo que denominan Gran China—, mientras Taipéi recurre al apoyo estadounidense para hacerse con tecnología militar de primer orden ante la perenne amenaza de invasión. Uno de los proyectos más importantes es el desarrollo del Smart Dragon, un submarino no tripulado de 100 toneladas. Contar con este tipo de embarcaciones, en la que precisamente EEUU se ha especializado, supone un impulso importante en las capacidades tecnológicas taiwanesas. La creación de un submarino tripulado convencional es realmente compleja, tanto desde el punto de vista de diseño y fabricación como luego de su operación.
El estado oficial de desarrollo del buque permanece guardado bajo secreto, aunque se acaban de publicar algunas imágenes que arrojan algo de luz a uno de los programas más ambiciosos de cuantos está desarrollando Taiwán internamente. Tal y como recoge TWZ, las instantáneas parecen indicar que el submarino tendrá un par de tubos lanzatorpedos, lo que indica la capacidad para llevar a cabo misiones de ataque mediante armas cinéticas. Por el momento, la plataforma mostrada sería la encargada de servir como banco de pruebas para los sistemas embarcados, y no desempeñar en el futuro un papel operativo en despliegues marítimos. Según recogió The Telegraph, el Smart Dragon es «estrictamente una plataforma de ensayos para una flotilla de 8 submarinos planeados por la Armada taiwanesa».
Otros reportes posicionan al Smart Dragon como un submarino no tripulado, pensado para desplegar otros más pequeños de su misma especie. En Army Recognition explicaron que «está diseñado para desplegar pequeños vehículos no tripulados, mejorando potencialmente sus capacidades de vigilancia, adquisición de objetivos y operaciones de ataque contra activos enemigos». Si bien el propósito final del buque no parece claro, el único asunto firme es que Taiwán necesita renovar con urgencia sus capacidades submarinas si quiere tener cierta relevancia en ese teatro de operaciones frente a una China en pleno auge armamentístico. En la actualidad, Taipéi cuenta con 4 unidades en activo: dos de ellas fabricadas por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y otras dos por un astillero de Países Bajos en los años ochenta.
Un punto de inflexión importante
El submarino Smart Dragon, también denominado Huilong, comenzó a plantearse en el año 2020 con un proyecto conjunto del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Chung-Shan, propiedad del Estado, y el astillero Lung Teh. Desde entonces, los datos sobre la marcha del desarrollo han ido llegando con cuentagotas y se vieron en público por primera vez en mayo de este mismo año. Gracias a esas primeras imágenes, se estima que el submarino cuenta con 30 metros de largo, un diámetro de 3,6 metros y una altura total de 6 metros, incluida la torre. También se cree que su desplazamiento puede rondar las 100 toneladas. Según el Ministerio de Defensa de Taiwán, el vehículo submarino no tripulado está «destinado principalmente a realizar pruebas de sonares y minas submarinas». En alguna declaración anterior se ha indicado que carece de cualquier tipo de sistema de propulsión, por lo que necesitaría de un barco para ser remolcado. Pero, en las últimas imágenes se puede ver una hélice acoplada en la popa junto con unos planos de timón. Esto indicaría que la nave debe tener potencial para, al menos, maniobrar por sus propios medios.
Rastreo de movimientos hostiles
«A diferencia del Orca fabricado por Boeing […], no hay planes para desplegar el Smart Dragon en tiempos de guerra para vigilancia, colocación de minas o ataques antibuque», señaló el analista David Axe en The Telegraph. El experto apuntó que, en una conferencia el pasado junio, el ministro de Defensa de Taiwán señaló que la embarcación ni siquiera tiene un «casco de presión completa que le permite sumergirse a gran profundidad». Si la plataforma llega algún día a cristalizar en un vehículo operativo, podría significar un punto de inflexión importante en la estrategia naval de Taiwán. Principalmente en aquellas tareas de monitorización del entorno y más teniendo en cuenta que China ha redoblado su apuesta por la construcción de submarinos a gran escala. «Sería particularmente ventajoso para rastrear posibles incursiones de submarinos» chinos, explicaron en Army Recognition. Ello permitiría una detección temprana y proporcionar inteligencia sobre los movimientos de fuerzas hostiles.
El ejemplo de Ucrania en el Mar Negro
Comparando con el escenario de la guerra de Ucrania, desde el think tank Center for a New American Security explicaron que las fuerzas de Zelenski «han logrado impedir que la Armada rusa controle partes del Mar Negro mediante una combinación de lanchas teledirigidas kamikaze y misiles antibuque». Aplicando esta experiencia, «Taiwán debería utilizar esta misma combinación de capacidades junto con los submarinos no tripulados para impedir que los barcos chinos lleguen a la costa». Hoy por hoy, la estrategia naval de Taiwán en el futuro más inmediato continúa siendo un misterio en todo lo relacionado a submarinos sin tripulación. Su buena relación con Estados Unidos, que ha quedado patente con los innumerables envíos de material militar como cazas, podría decantar la situación con la cesión de algunos de sus vehículos cuando poco a poco vayan saliendo de la factoría.
De entre todos, los Orca desarrollados por Boeing se han consolidado ya como una alternativa al despliegue de submarinos tripulados, e incluso ejecutando tareas más arriesgadas. «Nos pusimos en el lugar del cliente para inventar algo que tenga persistencia, que no requiera de una nave nodriza para desplegarse, recuperarse o mantenerse durante largos periodos, y que tenga una gran capacidad de carga útil», según describe esta plataforma Ann Stevens, vicepresidenta de Boeing.

