Chile se encuentra entre los países con mayor prevalencia de síntomas asmáticos en Latinoamérica

Cifras de la Encuesta Nacional de Salud indican que el 63% de pacientes no reconoce estar en tratamiento. El académico de Kinesiología de la U. Andrés Bello, Felipe Castillo, destaca el rol de la prevención, la educación y la kinesiología cardiorrespiratoria para evitar exacerbaciones y reducir el riesgo de hospitalización por crisis constantes.

Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 5,4% de los adultos en Chile declaró contar con un diagnóstico de asma, mientras que en la población infantil y adolescente la prevalencia es considerablemente mayor. Estudios nacionales derivados del proyecto ISAAC han mostrado que entre 15% y 18% de los escolares chilenos presentan síntomas compatibles con asma, posicionando a Chile entre los países con mayor carga de esta enfermedad en Latinoamérica. El académico Castillo, explica que las llamadas “crisis de asma” son el resultado de la interacción entre una enfermedad caracterizada por la inflamación crónica de las vías respiratorias y diversos factores ambientales capaces de desencadenar una respuesta exagerada del árbol bronquial.

“Esta situación adquiere una relevancia especial debido a la combinación de altos niveles de contaminación atmosférica según el lugar que se analice, una importante circulación estacional de virus respiratorios como rinovirus, influenza y virus respiratorio sincicial, y condiciones climáticas que favorecen la inflamación de la vía aérea y, por ende, pueden desencadenar un episodio de exacerbación o ‘crisis’”, explica el docente.

Falta de control médico

Otro aspecto particularmente preocupante en Chile es el insuficiente control de esta enfermedad. Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud mostró que el 63% de los adultos con diagnóstico de asma no recibía tratamiento al momento de la encuesta y cerca de un tercio utilizaba únicamente broncodilatadores de rescate, una conducta que actualmente las guías internacionales consideran insuficiente y que aumenta el riesgo de exacerbaciones graves y hospitalizaciones. El tratamiento moderno del asma no se limita solo al uso de inhaladores ni a las estrategias destinadas a estabilizar una exacerbación. El período comprendido entre una crisis y otra representa una oportunidad para prevenir nuevas descompensaciones, intervenir sobre los factores de riesgo y disminuir la probabilidad de futuras exacerbaciones.

“En ese contexto, la kinesiología cardiorrespiratoria cumple un rol cada vez más relevante como parte del manejo multidisciplinario en los diferentes niveles de atención de la red de salud pública y privada. Un ejemplo claro de esta cobertura es el control de estos pacientes crónicos a nivel de atención primaria de salud con las salas ERA (Enfermedades Respiratorias del Adulto)”, indica Castillo.

Intervenir antes de que la crisis avance

Para disminuir la intensidad de las crisis y evitar que los pacientes terminen en un servicio de urgencia u hospitalizados, Castillo señala que la intervención debe comenzar antes de que la exacerbación progrese. “En atención primaria, el kinesiólogo, por ejemplo, desempeña un rol fundamental mediante la educación del paciente y su familia, la evaluación y corrección de la técnica inhalatoria, la optimización de la adherencia al tratamiento, la identificación de factores desencadenantes y la elaboración de un plan de acción frente a las primeras señales de descompensación”, explica.

Cuando estas medidas no son suficientes y el paciente presenta una crisis moderada o grave que requiere atención en un servicio de urgencia, el kinesiólogo cardiorrespiratorio pasa a formar parte del manejo agudo multidisciplinario. “Su participación puede incluir la administración y monitorización de la terapia inhalatoria, optimizando la entrega de broncodilatadores mediante el dispositivo e interfaz más adecuados. También puede ajustar junto al equipo médico el aporte de oxígeno para corregir la hipoxemia, evitando concentraciones innecesarias, y apoyar, en pacientes en pacientes con mayor compromiso respiratorio y casos seleccionados, el uso de ventilación mecánica», detalla.

La evaluación continua del trabajo respiratorio, la respuesta al tratamiento y la detección precoz del deterioro clínico permiten escalar oportunamente las terapias y contribuir a disminuir el riesgo de insuficiencia respiratoria, hospitalización e ingreso a unidades de cuidados intensivos.

Cuándo se debe consultar

El especialista explica que existen señales tempranas que pueden indicar que la enfermedad está perdiendo el control y que el tratamiento debe ser reevaluado. “Cuando comienzan a aparecer episodios frecuentes de tos, especialmente durante la noche, sensación de pecho apretado, silbidos al respirar o necesidad creciente de utilizar el inhalador de rescate, es muy probable que la enfermedad esté perdiendo el control y que el tratamiento deba ser reevaluado”, señala Castillo. A estos signos se suma la disminución de la tolerancia al ejercicio o los despertares nocturnos producto de la falta de aire, manifestaciones que no deberían normalizarse.

Sin embargo, existen señales que requieren atención médica inmediata porque pueden indicar una exacerbación grave. “La dificultad respiratoria intensa que impide hablar frases completas, la utilización evidente de los músculos del cuello y del tórax para respirar, la persistencia de la falta de aire pese al uso del broncodilatador de rescate, la coloración azulada de labios o dedos, el agotamiento físico y la aparición de somnolencia o confusión”, detalla. En pacientes que utilizan un medidor de flujo espiratorio máximo, un valor inferior al 50% de su mejor registro personal constituye también un criterio de gravedad. Aunque la mortalidad por asma en Chile ha disminuido de manera sostenida durante las últimas décadas, esta enfermedad continúa siendo potencialmente mortal cuando las exacerbaciones no reciben un tratamiento oportuno. (Angie Gatica U., periodista).