La miel que se compra puede ser falsa, pero puede comprobarse en casa si es así o no en sólo 30 segundos

Muchas mieles que se venden en los supermercados u otros lugares no son miel de verdad. Son mezclas adulteradas con jarabe de glucosa, jarabe de maíz o agua azucarada, a veces calentadas a altas temperaturas para disimular el engaño. El resultado: un producto que se parece a la miel, pero que no tiene ni las enzimas vivas, ni el polen, ni los verdaderos beneficios para la salud. Las siguientes son tres pruebas sencillas que pueden hacerse en casa, para saber si la miel es auténtica o ha sido adulterada:

Prueba nº 1: La prueba del agua fría (la más fiable)
—– Coger un vaso de agua fría
—– Echar dentro una cucharadita de miel
—– Miel verdadera: cae al fondo formando un bloque compacto y se disuelve muy lentamente.
—– Miel falsa: se dispersa rápido, se mezcla o forma hilos en el agua.

¿Por qué? La miel pura es muy densa y poco soluble en agua fría. La miel falsa, diluida con jarabes, se deshace enseguida.

Prueba nº 2: La prueba del pulgar
—– Poner una pequeña gota de miel sobre el dedo pulgar
—– Inclinar el pulgar hacia abajo
—– Miel verdadera: se queda pegada, espesa, apenas se desliza.
—– Miel falsa: resbala y cae fácilmente, como un líquido.

¿Por qué? La viscosidad natural de la miel pura es muy alta. La miel adulterada se vuelve más fluida.

Prueba nº 3: La prueba de la llama (espectacular)
—– Coger un palito de fósforo o un palillo de madera
—– Mojarlo en la miel e intentar encenderlo con una llama
—– Miel verdadera: arde con normalidad, la miel pura es inflamable.
—– Miel falsa: no se enciende o chisporrotea, porque contiene agua añadida.

¿Por qué? La miel pura casi no contiene agua libre. La miel falsa tiene demasiada agua para inflamarse.

Lo que debe hacerse ahora

Buscar un tarro de miel en la despensa. Hacer la prueba del agua fría en 30 segundos. Si la miel no la supera, es momento de cambiar de proveedor. Entonces, ¿cuál es el resultado concreto? Pues, al elegir una miel cruda, sin calentar y comprada directamente a un apicultor local, beneficia de todas las enzimas vivas, el polen, los antioxidantes y las propiedades antibacterianas que la miel industrial ha perdido. La garganta y la digestión lo agradecerán (Fuente: Quora).