Hablar de envejecimiento es, inevitablemente, hablar de cuidados. Más temprano que tarde, todos necesitaremos de alguien que nos ayude a transitar los momentos de mayor fragilidad. Sin embargo, aunque el cuidado constituye uno de los pilares invisibles que sostienen a nuestras sociedades, continúa siendo una labor escasamente reconocida, insuficientemente apoyada y, en muchos casos, asumida como una responsabilidad impuesta más que elegida.
Cuidar a una persona mayor no consiste únicamente en asistirla en sus necesidades cotidianas. Implica tiempo, conocimientos, compromiso, paciencia y una profunda capacidad de empatía. Es una tarea que exige competencias técnicas, pero también una disposición humana basada en la compasión y el amor por el otro, valores que muchas veces parecen diluirse en el ritmo acelerado de la sociedad contemporánea.
El acelerado envejecimiento de la población mundial y en especial ,iberoamericana nos obliga a replantear la manera en que entendemos esta función. No es casualidad que las Naciones Unidas hayan declarado el Decenio del Envejecimiento Saludable (2021-2030), haciendo un llamado a transformar la forma en que las sociedades valoran a las personas mayores y a quienes las cuidan.
En este contexto, durante el reciente encuentro formativo desarrollado en Salamanca por la Red Iberoamericana de Envejecimiento Activo y Saludable (RIEs GAUDIUM), junto a la Universidad Pontificia de Salamanca, surgió una propuesta que busca dignificar esta labor: reemplazar la denominación tradicional de «cuidador» por la de Agente de Apoyo Vital.
No se trata únicamente de un cambio de palabras. Nombrar también es reconocer. La expresión «Agente de Apoyo Vital» pone en el centro el verdadero significado de esta tarea: son personas que hacen posible que otras continúen viviendo con dignidad, seguridad y bienestar en la etapa más vulnerable de sus vidas. Son protagonistas silenciosos de la salud, la inclusión y la calidad de vida de miles de familias.
La realidad demuestra, además, que este trabajo recae mayoritariamente en mujeres, muchas de ellas también personas mayores, que cuidan mientras enfrentan sus propias enfermedades, limitaciones y desafíos económicos. Ellas representan un patrimonio humano invaluable que merece mayor reconocimiento social, formación, protección y políticas públicas que respalden su enorme contribución.
La propuesta del concepto Agente de Apoyo Vital, impulsada por el Dr. Patricio Torres Castillo (de Chile), aspira precisamente a iniciar ese cambio cultural. Reconocer el cuidado como una función esencial para la sostenibilidad de nuestras sociedades envejecidas significa valorar a quienes, día tras día, sostienen la vida de otros desde el compromiso, la solidaridad y el afecto.
Este nuevo concepto resumido en :
AAV se promueve desde el paradigma de la nueva longevidad que se sostiene sobre los pilares del envejecimiento digno, activo y saludable
Las grandes transformaciones comienzan muchas veces con una nueva manera de nombrar las cosas. Cambiar el lenguaje puede ser el primer paso para cambiar las políticas, las instituciones y, sobre todo, la valoración social de quienes cuidan.
La invitación está hecha. Que Agentes de Apoyo Vital deje de ser solo un concepto nacido en Salamanca y se transforme en un compromiso compartido por Chile y por toda Iberoamérica. Porque reconocer a quienes cuidan es, en definitiva, reconocer el valor de la vida misma.
Dr. Antonio Sánchez Cabaco
Catedrático Pontificia Universidad de Salamanca
Presidente Ries Gaudium





