Hasta hace poco, la ciencia creía que el aumento del nivel del mar era un proceso de aceleración gradual. Sin embargo, una investigación de alcance global publicada este 12 de enero en la revista Nature —con participación del académico de Concepción, Rodrigo Abarca del Río— acaba de desmentir esa calma aparente.
El estudio revela que, a principios de la década de 2010, el sistema climático de la Tierra sufrió una «modificación brusca», un cambio de régimen que alteró simultáneamente los océanos, los hielos y las reservas de agua en los continentes.
El salto de los milímetros
Los datos satelitales son categóricos: entre 1993 y 2011, el mar subía a un ritmo de 2,9 mm por año. Pero a partir de 2012, esa cifra saltó a 4,1 mm anuales. No fue una transición suave, sino un cambio de marcha repentino que refleja una reorganización profunda del planeta.
«Este cambio no es una aceleración gradual, sino un quiebre abrupto en el comportamiento del clima global», explica Abarca del Río, investigador del Departamento de Geofísica de la UdeC.
¿Por qué está subiendo más rápido?
El equipo liderado por la científica Anny Cazenave (U. de Toulouse) identificó tres motores principales detrás de este nuevo ritmo:
- Expansión térmica: El océano absorbe más calor y, al calentarse, su volumen aumenta.
- Almacenamiento terrestre: Cambios críticos en cómo los continentes retienen (o liberan) agua hacia los océanos.
- Deshielo: El aporte constante de los glaciares y polos.
Si bien la variabilidad natural del sistema atmósfera-océano juega un rol, los investigadores ponen la lupa sobre el forzamiento radiativo causado por la actividad humana: la Tierra está reteniendo más energía solar de la que devuelve al espacio, forzando un nuevo balance energético.
La amenaza en la costa chilena
Para un país con más de 4.000 kilómetros de costa, este hallazgo no es solo una cifra académica; es una advertencia de seguridad nacional. El Dr. Abarca del Río es enfático en las consecuencias para el territorio local:
- Impacto acelerado: Los efectos del alza del mar podrían sentirse mucho antes de lo proyectado en los modelos anteriores.
- Riesgo urbano: Sectores bajos y ciudades costeras enfrentan una mayor vulnerabilidad ante inundaciones y procesos de erosión.
El desafío de la observación
Aunque la evidencia es sólida, los científicos advierten que apenas contamos con tres décadas de mediciones satelitales de alta precisión. La gran interrogante ahora es si este nuevo régimen de 4,1 mm al año persistirá o si estamos ante un fenómeno de transición hacia algo aún más agresivo. Por ahora, la consigna es clara: el monitoreo satelital continuo es la única herramienta para que ciudades como Concepción, Valparaíso o Antofagasta puedan planificar su supervivencia frente al avance del océano.
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