En el corazón de la comuna de San Ignacio, el campo del productor Ociel Baeza se convirtió en el escenario de una jornada clave para el futuro de la agricultura familiar campesina. Allí, integrantes de los programas Prodesal (San Ignacio, Chillán y Ñiquén) y de la fundación Prodemu participaron activamente en el taller de “Selección participativa de variedades de poroto”, una iniciativa que busca devolverle a la tierra semillas capaces de resistir la sequía y las enfermedades.
Ciencia en el surco: Evaluando la resiliencia
El encuentro se enmarca en un proyecto de alto impacto financiado por la FAO y ejecutado por INIA Quilamapu. El objetivo es ambicioso pero urgente: identificar y reintroducir recursos genéticos de legumbres que aseguren la alimentación en un Chile marcado por la escasez hídrica.
Durante el día de campo, los asistentes evaluaron nueve variedades: Bayote, Pinto, NN-Boloto, Contulmo, Arroz, Rubí, Pajarito, Jaspeado y Zorzal-INIA. Bajo la guía de la coordinadora Marilin Carrasco, los agricultores seleccionaron aquellas plantas con mejores atributos comerciales y productivos, priorizando la alta carga, el color de la vaina y la precocidad (rapidez de crecimiento).
Resultados: Cada suelo tiene su «campeón»
Uno de los hitos de la jornada fue la presentación de datos de la temporada anterior a cargo de Gerardo Tapia, curador del Banco de Recursos Genéticos de INIA. Los números confirmaron que no existe una semilla única para todo el territorio:
- En Ñiquén: La variedad Zorzal (que hoy domina el 85% de la superficie nacional) lideró con un rendimiento de 63,8 quintales por hectárea, seguida de cerca por Pajarito y Pinto.
- En San Ignacio: El panorama cambió. Aquí, el poroto Pinto demostró ser el más eficiente con 58,5 qq/ha, superando al Arroz y al propio Zorzal.
Estos resultados demuestran que, ante el cambio climático, la clave está en validar el material genético en condiciones locales. Lo más valioso es que el 80% de estas semillas provienen del banco de INIA, rescatadas mediante intercambios históricos con los propios productores, mientras que el resto fue aportado por los campesinos del sector, creando un círculo virtuoso de colaboración.
Del campo al mercado: El desafío de la rentabilidad
La jornada no solo se quedó en la tierra. Entendiendo que la sostenibilidad del rubro depende de las ventas, profesionales del Centro de Negocios de Sercotec Chillán orientaron a los productores sobre herramientas de financiamiento como Capital Semilla y Capital Abeja. Además, se discutieron las barreras comerciales y la importancia de la asociatividad para que los pequeños productores puedan competir en el mercado.
Actualmente, Chile cuenta con unas 13 mil hectáreas de porotos, de las cuales 2 mil se concentran en Ñuble. Al ser la segunda región productora del país, fortalecer este cultivo —tanto en su genética como en su comercialización— es una estrategia vital para que la agricultura familiar campesina siga siendo el motor del valle central.
SOJ





