En un inusual gesto de autocrítica política, el Presidente Gabriel Boric reconoció abiertamente las fallas del Estado en la respuesta a la emergencia habitacional que sufren las regiones del centro-sur. Desde su gira por Aysén, el mandatario validó las quejas de los damnificados y autoridades locales, deteniendo el fuego cruzado para centrarse en una sola orden: romper el cuello de botella.
«Ante las críticas por la lentitud en la instalación de viviendas de emergencia, quiero decirles que creo que tienen razón», sentenció el jefe de Estado, dejando de lado las excusas administrativas para empatizar con quienes perdieron todo en enero.
El diagnóstico: Un sistema saturado
Para Boric, el retraso no es una cuestión de voluntad, sino de estructura. El mandatario identificó un «bloqueo» en la cadena de respuesta que hoy mantiene a cientos de familias esperando un techo digno en zonas como Penco, Tomé, Ñuble y La Araucanía.
- Factores del retraso: Problemas en la calidad de los terrenos y una oferta limitada de empresas constructoras.
- La instrucción: El Presidente ordenó a Senapred ampliar inmediatamente la cartera de proveedores para diversificar la producción y acelerar el montaje.
Unidad sobre la disputa política
A pesar de la tensión con algunos alcaldes y gobernadores de las zonas afectadas, Boric optó por la tregua: «No voy a entrar a pelear. Tenemos que trabajar juntos para sacar esto adelante». El mensaje fue claro: la prioridad no es la defensa de la gestión, sino la urgencia de las personas.
Con la mirada puesta en el invierno que se avecina, el Gobierno busca ahora recuperar el tiempo perdido. La incorporación de nuevos proveedores será la prueba de fuego para un Senapred bajo presión, que debe demostrar que la burocracia no será un obstáculo para la reconstrucción en el corazón del Biobío y el sur de Chile.
SOJ





