La Región del Biobío no baja la guardia. Con una fuerza productiva de 16 planteles industriales que albergan a más de 2 millones de aves de postura, la zona se encuentra hoy en una carrera contra el tiempo y la naturaleza. Ante el inminente riesgo que representan las rutas migratorias, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UdeC han sellado una alianza estratégica para blindar el patrimonio sanitario regional.
La amenaza no es teórica; es una realidad que el virus sigue circulando con fuerza desde América del Norte hasta el Cono Sur. El recuerdo del último brote es una cicatriz abierta en la economía local: solo en la comuna de Florida, la alta patogenicidad del virus aniquiló a más de 526 mil aves, entre muertes naturales y sacrificios sanitarios. Hoy, con Chile declarado libre de la enfermedad en aves de corral desde agosto de 2023, el objetivo es uno solo: no repetir la historia.
“La influenza aviar es una enfermedad real y permanente”, sentenció la Seremi de Agricultura, Pamela Gatti. Por ello, la estrategia regional se centra en el cumplimiento estricto de la Resolución 2.114/2023, que exige niveles de bioseguridad sin precedentes tanto para gigantes industriales como para pequeños tenedores de traspatio.
Desde la academia, el mensaje es de urgencia técnica. Sergio Donoso, del Departamento de Patología Animal de la UdeC, fue enfático: el éxito depende de que cada operario y productor comprenda que la bioseguridad es la única barrera real entre una producción sana y el colapso sanitario. En un escenario global de incertidumbre, el Biobío apuesta por la prevención total para salvaguardar el sustento de la industria avícola nacional.
SOJ





