La cordillera de los Andes arde. Un demoledor informe de Greenpeace reveló este lunes la magnitud de la tragedia ambiental que golpea al oeste de la provincia de Chubut: más de 21.000 hectáreas de bosques nativos, plantaciones y pastizales han sido reducidas a cenizas. La catástrofe no solo es ecológica; el avance de las llamas ha destruido 24 hogares en las localidades de Epuyén y El Hoyo, además de arrasar con complejos turísticos e infraestructura crítica.
Los focos del desastre
La situación más dramática se concentra en tres frentes de batalla:
- Puerto Patriada: El incendio iniciado el 5 de enero ha consumido 13.600 hectáreas. Es el punto con mayor daño a viviendas.
- Parque Nacional Los Alerces: En esta área protegida de valor incalculable, el fuego ya ha devorado 6.000 hectáreas.
- El Turbio: Con 3.000 hectáreas afectadas, es el único sector donde los brigadistas han logrado un control del 90%.
La batalla contra las llamas
Un ejército de 646 personas, entre brigadistas forestales, bomberos y voluntarios, trabaja incansablemente en un operativo que coordina recursos nacionales y provinciales. El despliegue aéreo incluye 14 naves, destacando un avión hidrante de gran porte capaz de descargar 15.000 litros de agua en cada pasada, intentando frenar un fuego que parece indomable.
La controversia sobre el origen: ¿Atentado o negligencia?
La sombra de la intencionalidad sobrevuela las investigaciones. En Puerto Patriada, la Justicia halló restos de combustible, lo que refuerza la tesis de un inicio provocado. Sin embargo, el caso ha escalado al plano político:
El Gobierno nacional vinculó preliminarmente estos incendios con «grupos terroristas autodenominados mapuches». No obstante, la Justicia argentina desestimó rápidamente esta afirmación, aclarando que dicha hipótesis no forma parte de la investigación oficial, la cual se encuentra en etapa inicial y sin detenidos.
Críticas por desfinanciación
El desastre ha puesto bajo la lupa la gestión del presidente Javier Milei. Greenpeace y otras organizaciones ambientalistas denunciaron una falta grave de prevención y equipamiento. El foco de la crítica apunta a la creciente desfinanciación de las políticas de manejo del fuego y alerta temprana, en un contexto donde el cambio climático exige respuestas más robustas y no recortes presupuestarios.
Mientras el humo cubre las localidades cordilleranas y miles de turistas han tenido que ser evacuados, la Patagonia argentina enfrenta uno de sus veranos más oscuros, atrapada entre las llamas y un cruce de acusaciones políticas.
SOJ





