La política chilena ha entrado en una fase de «tensión de vísperas». Tras el triunfo de José Antonio Kast en las presidenciales, el debate público ha dejado de centrarse únicamente en la conformación del futuro gabinete para posarse sobre un escenario incierto: el retorno de las movilizaciones sociales. El fenómeno, que permaneció en un letargo relativo durante la administración de Gabriel Boric, amenaza con reactivarse incluso antes de que el nuevo mandatario cruce el umbral de La Moneda.
El Partido Comunista y las Movilizaciones Compulsivas como arma política y condicionamiento al gobierno de turno.
El PC y la «movilización unitaria»: ¿Estrategia o resistencia?
Desde el bloque que pronto pasará a ser oposición, el Partido Comunista (PC) ya ha trazado su hoja de ruta. Tras su último Pleno del Comité Central, la colectividad enfatizó la necesidad de impulsar «hitos de movilización amplia», señalando fechas clave como el 8 de marzo y el 1 de mayo. Bajo el concepto de una «respuesta democrática ante tendencias regresivas», el PC busca rearticular la base social, una postura que ha generado fisuras y tensiones dentro del oficialismo saliente, donde algunos sectores temen que una oposición obstructiva desde el día uno termine por aislar a la izquierda.
El veredicto de la opinión pública: El rechazo al «prejuicio democrático»
A pesar del activismo de grupos como el Movimiento Ukamau —quienes ya protagonizaron la primera manifestación masiva post-elecciones—, la ciudadanía parece enviar un mensaje drásticamente distinto. Según el último estudio de la encuesta Black & White, el clima social está lejos de respaldar un nuevo estallido.
Los datos son elocuentes:
- Un 72% de los consultados rechaza las alertas de movilización. El argumento principal es de carácter institucional: consideran que manifestarse contra un gobernante por su identidad y no por sus actos concretos demuestra una «falta de espíritu democrático».
- El sentimiento predominante es la rabia. Un 46% de los chilenos declara sentir enojo ante estos llamados preventivos, seguido por la impotencia (34%) y la decepción (32%).
- Solo un 18% aprueba las manifestaciones basadas en principios ideológicos previos a la gestión.
Análisis: Un país agotado de la incertidumbre
El estudio revela un dato sociodemográfico relevante: la irritación frente a las movilizaciones aumenta en los sectores de mayor edad y en el segmento socioeconómico ABC1. Esto sugiere que, tras años de inestabilidad política y económica, existe una demanda mayoritaria por gobernabilidad y tregua.
La «movilización preventiva» que proponen sectores de la izquierda radical choca frontalmente con un electorado que, independientemente de su color político, parece exigir que se respete el resultado de las urnas. El desafío para el gobierno electo de José Antonio Kast será administrar esta expectativa de orden, mientras que para la futura oposición el riesgo es evidente: quedar desconectada de un país que hoy prioriza la estabilidad por sobre la protesta.
SOJ





