La embajadora de Chile en Nueva Zelanda enfrenta un escenario de destitución inminente tras reiterar posturas sobre la autodeterminación de la isla. Lo que comenzó como un posteo en redes sociales ha escalado a una crisis que cuestiona la lealtad institucional de la representación diplomática.
La diplomacia chilena atraviesa una de sus pruebas más complejas en términos de cohesión institucional. Manahi Pakarati, embajadora de carrera y figura de alto perfil en la Cancillería, se encuentra bajo el fuego cruzado tras la revelación de declaraciones que desafían la integridad territorial del Estado que representa. La controversia, que comenzó con una publicación sobre la «libre determinación de la nación Rapa Nui», ha cobrado un peso mayor tras conocerse una entrevista radial donde califica a Chile bajo la lógica del «colonizador».
Los Ejes de la Controversia: Análisis del Discurso
| Declaración / Acción | Implicancia Diplomática | Riesgo Institucional |
| Posteo en RR.SS. | Publicación de cartel por la «Autodeterminación». | Vulneración del deber de reserva y lealtad al Estado. |
| Relación con Chile | Califica la presencia chilena como una acción de «colonizadores». | Debilita la postura oficial de soberanía sobre el territorio insular. |
| Visión Estratégica | Sugiere que Chile «posee» la isla solo por interés naval estratégico. | Deslegitima los vínculos históricos y jurídicos de 1888. |
| Estatus Político | Llama abiertamente a la obtención de un «autogobierno». | Confunde las funciones de una embajadora con las de una activista étnica. |
1. Del activismo a la función pública: Una frontera difusa
El antecedente revelado tras una entrevista en la radio pública de Nueva Zelanda (Cultura 101) agrava su posición. Al describir el tratado de 1888 como un engaño lingüístico donde el concepto de «soberanía» fue impuesto por el colonizador, Pakarati no solo entrega una visión personal, sino que lo hace desde su investidura oficial. Esta dualidad ha sido interpretada en el Congreso y en círculos diplomáticos como una incompatibilidad de funciones.
2. La mística Rapa Nui vs. La República
Pakarati argumenta una distinción étnica y cultural absoluta: «Somos polinésicos, somos muy diferentes de Chile». Si bien este es un reconocimiento antropológico innegable, en el contexto de un representante del Estado, sus dichos sugieren que la pertenencia de la isla a la administración chilena es un accidente geográfico y militar más que una integración nacional. Su frase: «No creo que Chile obtenga tanto de poseernos», reduce la relación soberana a una transacción de recursos y estrategia naval.
3. El factor de la carrera diplomática: El juicio de los pares
La carta del exembajador Demetrio Infante resume el sentir de la «vieja guardia» de la Cancillería. Al recordar que la función diplomática descansa sobre la protección de la democracia y la integridad del territorio, Infante y otros expertos apuntan a que Pakarati ha quebrantado el juramento profesional. La reprimenda inicial de la Cancillería ha quedado corta frente a las presiones transversales que exigen su salida inmediata del Servicio Exterior.
Análisis: El precedente peligroso
El caso de Manahi Pakarati no es solo una falta de prudencia en redes sociales; es un síntoma de una tensión no resuelta entre el reconocimiento de los pueblos originarios y el rol de los funcionarios del Estado. De mantenerse en su cargo, se sentaría un precedente donde un embajador puede cuestionar la soberanía del país que representa sin consecuencias, debilitando la voz de Chile en foros internacionales.
Conclusión
La diplomacia exige que el representante sea la voz del Estado, no de sus convicciones particulares. Al calificar el regreso de la tierra como una «lucha» contra el Estado chileno mientras ejerce como su máxima autoridad en Nueva Zelanda, Pakarati ha colocado al Gobierno en una posición insostenible: o respalda la soberanía o respalda a su embajadora.
SOJ





