La Región del Biobío, que hace apenas dos años carecía de una oferta enoturística significativa, ha logrado consolidar una robusta propuesta con seis rutas enoturísticas comercializables a nivel mundial, cuatro de ellas situadas en la Provincia de Biobío. Este hito es fruto de un esfuerzo conjunto entre la Asociación Gremial de Turismo de la Provincia de Biobío (Contur), instituciones como Corfo y el compromiso de los viñateros locales.
Teresa Alarcón, presidenta de Contur Biobío, relata que el giro hacia el enoturismo fue impulsado por la ausencia de esta faceta turística en la región. «Existía solo lo que eran ventas de vino y no había nada con respecto a Enoturismo», recuerda Alarcón, quien desde su rol en el Comité de Desarrollo Productivo de Corfo, abogó por la integración de este componente.
De la Venta de Vino a la Experiencia Integral: Un Proceso de Transformación
El trabajo, liderado por el ejecutivo Pedro Cabezas, comenzó con un catastro exhaustivo que reveló la existencia de solo dos bodegas abiertas al público: San Roke y Viña Quinta Rosa. Posteriormente, se identificaron veinticinco bodegas y viñas en toda la región con potencial enoturístico. «Hubo todo un trabajo durante un año, fueron a visitar viña por viña, conversando con los viñateros, tratando de cambiar este switch de que no tan solo podían vender vino, sino que también podían trabajar lo que era el Enoturismo, pero también había que ofrecerle una experiencia completa al pasajero. Alojamiento, gastronomía, tour operador, etc.».
La estrategia de promoción ha sido multifacética, incluyendo visitas técnicas, campañas de promoción nacional e internacional, y encuentros regionales para visibilizar la oferta vitivinícola. Un logro significativo fue la participación de una delegación chilena en la Segunda Cumbre Mundial de Enoturismo en Yantai, China, donde el Valle del Biobío fue reconocido como «Destino Emergente de Enoturismo» por la Organización Mundial del Enoturismo (OMED). Alarcón destaca que esta invitación personal del vicepresidente de OMED tras visitar la región, no solo permitió mostrar los vinos, sino que también generó interés de empresarios chinos en la comercialización.
Contur Biobío continúa trabajando para atraer operadores turísticos internacionales. En agosto, se espera la visita de representantes de agencias de Perú y Chile para conocer las rutas, con miras a su promoción y venta en mercados globales.
Alarcón enfatiza que el Valle del Biobío ofrece una propuesta única: viñas patrimoniales, cepas ancestrales de más de 400 años, paisajes que combinan mar y cordillera en pocos kilómetros, y el Carmenere más austral del mundo. «Cada copa es un viaje al pasado, cuidada por familias que llevan generaciones en esto. No solo vendemos vino, vendemos una historia, una cultura, una vivencia», afirma. Este esfuerzo colectivo, según Alarcón, es clave: «El turista que visita una viña también quiere recorrer el entorno, conocer la gastronomía, dormir en la zona. Todos debemos estar preparados».
Protagonistas del Enoturismo en Biobío: Historias de Tradición e Innovación
Más allá de la producción vitivinícola, productores locales están abriendo sus puertas para ofrecer experiencias que entrelazan historia, identidad y sostenibilidad, posicionando al Biobío como una nueva y auténtica ruta del vino en Chile.
Viña Luz de Luna (Nacimiento): Sabor Ancestral a Orillas del Biobío
En el corazón de Millapoa, a orillas del río Biobío, Viña Luz de Luna, fundada por Clara Arriagada y Francisco Cruz, es un proyecto familiar que resguarda siglos de historia. Trabajan exclusivamente con cepa País, una variedad ancestral presente en la familia de Francisco por generaciones. «Sacamos dos vinos: uno más dulce y otro más seco, ambos con un perfil muy marcado por nuestra tierra y método artesanal», explica Clara Arriagada.
El giro hacia el enoturismo fue una evolución natural. Tras obtener reconocimientos en la Fiesta Ancestral del Vino (2021) y EnoTurismo Chile (2024), decidieron profesionalizar la recepción de visitantes que ya ocurría de forma espontánea. Hoy, ofrecen tours por viñedos centenarios, visitas a su bodega de adobe y experiencias en balsa por el río, maridando vino con productos locales.
Clara Arriagada menciona los desafíos, como la regularización del negocio y la escasez de apoyos específicos para el enoturismo en la región, así como las dificultades para adquirir materiales esenciales. Sin embargo, ve un gran potencial y busca potenciar la economía local, encargando productos a vecinos para los turistas, fomentando un «negocio vecinal».
Viña Sanroke (San Rosendo): El Renacer de un Legado Vitivinícola
En San Rosendo, Cristian Rozas lidera Viña Sanroke, un proyecto que se revitalizó con el redescubrimiento de una antigua variedad de Malbec en su propiedad. Aunque la viña data de 1930, el embotellado de vino comenzó en 2015 y las puertas al enoturismo se abrieron en 2018.
«Comenzó como una necesidad. La gente quería conocer el lugar donde hacíamos el vino. Primero hicimos una sala de ventas, después un tour, y así fuimos creciendo», relata Cristian. Con el tiempo, sumaron gastronomía y alojamiento (domo con tinaja), pensando en la comodidad del visitante.
A pesar de los desafíos, como la pandemia, Sanroke se ha posicionado como uno de los referentes. Cristian destaca el «enoturismo más humano» del Biobío, valorando las parras antiguas y la elaboración artesanal. «La gente quiere aprender, vivir la experiencia, no solo tomar vino», enfatiza Rozas, cuyo sello es un turismo educativo que busca que los visitantes salgan con un mayor conocimiento del mundo del vino.
Viña Quinta Rosa (Yumbel): La Herencia Viva de una Tradición Familiar
En Yumbel, la historia de Viña Quinta Rosa se remonta a los años 20 con el abuelo Carlos Efraín. Hoy, Arturo Escobar, tercera generación, lidera el proyecto, transformando la venta a granel en vinos embotellados y una oferta enoturística vibrante.
Desde 2019, la familia se ha dedicado al envasado de su vino de cepa País, una de las variedades ancestrales traídas por los españoles. Su viña, cercana al centro urbano de Yumbel, ofrece almuerzos campestres, desayunos, tours guiados y una experiencia inclusiva, con escolares con necesidades especiales participando en la cosecha y producción de chicha.
La expansión al enoturismo surgió post-pandemia, ante el creciente número de turistas. Quinta Rosa forma parte de la red mercado de Corfo, lo que ha permitido alianzas para potenciar el negocio y atraer visitantes a los atractivos de Yumbel.
Arturo Escobar se muestra optimista sobre el futuro del enoturismo en la zona, destacando el entusiasmo del Gobierno Regional, el alcalde y el apoyo de Contur Biobío. Uno de sus principales desafíos es la implementación de señalética en la Ruta 5 Sur que visibilice la ruta enoturística del Biobío, similar a lo que ocurre en valles como Colchagua. «Ya debería estar ahí con los tonos característicos del Enoturismo señalizando que existe el valle del Biobío y que existen tantas viñas en la zona», puntualiza Escobar, buscando que los turistas se atrevan a desviarse y visitar sus viñas.
El modelo al que apuesta Biobío es el enoturismo experiencial, buscando dinamizar el desarrollo local a través de la integración de historia, identidad, sostenibilidad y la colaboración entre los diversos actores turísticos.
SOJ





