La sostenida y pronunciada caída en el número de nacimientos en Chile está obligando a hospitales y clínicas, tanto públicos como privados, a replantear drásticamente sus estrategias operativas y a reconvertir sus servicios de maternidad. Este fenómeno, lejos de ser exclusivo de Chile, se inscribe en una tendencia global que ya ha llevado al cierre de más de 500 áreas de parto en hospitales de Estados Unidos entre 2010 y 2022.
En el contexto nacional, si bien la situación no ha alcanzado la masividad de otros países, la reducción de camas obstétricas es una realidad innegable. Las cifras provisionales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para 2024 son contundentes: se registraron 154.441 nacimientos, lo que representa una disminución del 11% respecto a 2023 y un alarmante descenso del 38,5% en la última década (96.556 nacimientos menos que en 2014). La tasa bruta de natalidad ha caído a 7,7 nacidos vivos por cada mil habitantes en 2024, casi la mitad de la cifra de hace una década (14,2) y muy lejos de los 20,1 de 1994.
Reconversión en el Sector Público y Privado
El impacto se siente en ambos sectores. Desde la División de Gestión de la Red Asistencial (Digera) del Ministerio de Salud, se informa que las camas obstétricas en el sector público pasaron de 2.968 en 2014 a 2.293 en 2024, una reducción de 675 camas (22,7%). La Digera explica que esta adaptación responde a la evolución de las necesidades de salud, destinando estas camas a embarazos de alto riesgo, pacientes ginecológicas y posparto, garantizando una atención eficiente y ajustada a la demanda.
El sector privado también ha experimentado ajustes significativos. Clínicas de Chile, el gremio que los agrupa, estima un decrecimiento anual en el número de partos de alrededor del 10% en los últimos dos años. Ejemplos concretos incluyen el cierre de la unidad de maternidad y neonatología del Hospital Militar de Santiago a fines de 2019.
Casos Específicos de Clínicas y la Tendencia General
Al analizar la evolución en las principales clínicas, la tendencia a la baja es casi generalizada:
- Clínica Dávila Recoleta: Pasó de 8.000 partos en 2014 a solo 1.500 en 2024, reduciendo su capacidad gineco-obstétrica en un 50% (de 120 a 48 camas).
- Clínica Dávila Vespucio: Disminuyó sus camas de maternidad de 24 en 2014 a 14 en 2022, con una caída del 23% en egresos obstétricos entre 2018 y 2024.
- Clínica Santa María: Redujo sus camas de 44 a 36 entre 2014 y 2024, para fortalecer su unidad de neonatología.
- Clínica Biobío: Las camas bajaron de 14 a 12 en el mismo período.
- Clínica Indisa: Disminuyó de 74 a 48 camas, reflejando una baja en partos de 5.158 en 2014 a 3.361 en 2024.
- RedSalud (marca única): Los partos y cesáreas cayeron de 9.216 en 2018 a 3.994 en 2024 (56,7%), y las camas gineco-obstétricas de 78 a 40.
- Clínica Las Condes (CLC): Redujo sus camas de maternidad de 40 a 20, manteniendo 8 en su centro de alto riesgo (Cevim). Los partos mensuales bajaron de 110-130 a 40.
- Hospital Clínico UC Christus: Pasó de 34 a 27 camas de maternidad, con una caída de partos de 2.100 en 2014 a 1.550 en 2024.
Excepciones a esta tendencia se observan en Clínica San Carlos de Apoquindo (UC Christus), que ha mantenido una dotación constante de 14 camas y alrededor de mil partos anuales, enfocándose en casos complejos. Clínica Universidad de los Andes, a pesar de ser una clínica joven (abierta en 2014) y registrar una caída del 9,6% en partos entre 2023 y 2024, ha mantenido sus 20 camas de ginecología y obstetricia con alta ocupación, dada su especialización en medicina materno-fetal y embarazos de alto riesgo. Por su parte, Clínica Alemana ha logrado mantener estables sus 53 camas de maternidad y entre 3.800 y 3.900 partos anuales en los últimos cinco años, posicionándose como líder en el sector privado de la Región Metropolitana.
El Envejecimiento de las Madres y la Reorientación Asistencial
Este cambio demográfico no solo se manifiesta en menos nacimientos, sino también en una postergación de la maternidad. Si antes de 2012 la mayor proporción de nacimientos correspondía a madres de 20 a 29 años, desde 2019 son las mujeres de 30 a 34 años las que concentran la mayor parte de los nacimientos (29,6% del total en 2024).
Este aumento en la edad promedio de las madres trae consigo un incremento en los partos de alto riesgo. La reconversión de las maternidades y la especialización de los profesionales se han dirigido, precisamente, a fortalecer las áreas de partos de alto riesgo y de fertilidad. Por ejemplo, Clínica Alemana ha visto la edad promedio en el primer parto aumentar de 32 a 34 años, lo que implica una mayor incidencia de embarazos de alto riesgo. Además, la demanda por tratamientos de medicina reproductiva se ha disparado, duplicándose los ciclos de tratamiento en Clínica Alemana de 440 en 2021 a 800 en 2024.
Aníbal Scarella, presidente de la Sociedad Chilena de Medicina de Reproducción, proyecta que la especialidad gineco-obstétrica se volverá más relevante, enfocándose en partos más complejos y en la educación sobre los cuidados de la fertilidad. Propone una «reorientación de los recursos económicos y logísticos del Estado» para apoyar a las cerca de 400 mil personas que enfrentan problemas de infertilidad en Chile. El doctor Jorge Sandoval, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, coincide en la necesidad de mejorar el acceso a técnicas de reproducción asistida, tanto de alta como baja complejidad, y aboga por políticas públicas que estimulen esta vía.
La crisis de natalidad, en definitiva, está transformando la fisonomía del sector de salud chileno, impulsando una adaptación estratégica que prioriza la complejidad y la atención a una población que envejece y posterga la maternidad.
SOJ





