En las costas del Biobío y Ñuble, la Federación Regional de Pescadores Artesanales (FEREPA Biobío) levanta su voz con una mezcla de esperanza y firmeza. Liderados por su presidente, Cristian Arancibia Chandía, celebran un avance largamente esperado: el aumento de la cuota de merluza para el sector artesanal. Sin embargo, esta buena noticia llega en un momento crucial, marcado por un profundo desacuerdo con la Ley de Fraccionamiento que actualmente se debate en las esferas del poder legislativo.
Para Arancibia, el incremento en la cuota de merluza no es solo un cambio numérico, sino un acto de justicia histórica para miles de pescadores que durante décadas han luchado por un acceso equitativo a los tesoros del mar. «Esta medida representa una oportunidad concreta para miles de pescadores y pescadoras que históricamente han sido excluidos del acceso equitativo a los recursos del mar. No se trata solo de un incremento en los números, sino de una reivindicación justa frente a décadas de concentración en manos de la gran industria».
Desde FEREPA Biobío, se vislumbra un futuro donde este avance impulse la economía de las comunidades costeras, permitiendo a los pescadores adoptar prácticas productivas más sostenibles y menos invasivas. Además, confían en que esta medida contribuirá a la recuperación de la merluza común, una especie que clama por auxilio tras años de una pesca industrial de arrastre que ha diezmado sus poblaciones.
El reciente anuncio del cierre de operaciones de PacificBlue no pasó desapercibido para el sector artesanal. Arancibia no dudó en calificar esta decisión como una maniobra de presión política «lamentable», especialmente en un momento en que la ley aún se encuentra en pleno debate parlamentario. «Esta actitud solo busca frenar el avance de una política más justa para la pesca artesanal. Esperamos que la empresa revise su decisión, pensando en los trabajadores y no en sus propios intereses corporativos», sentenció.
FEREPA Biobío reafirma su compromiso inquebrantable con una pesca sustentable, una práctica arraigada en el conocimiento ancestral, el respeto por los ciclos naturales del océano y la democratización del acceso a sus recursos. «La merluza debe volver a las mesas chilenas como un alimento saludable y accesible, no como un lujo reservado tras años de sobreexplotación industrial», declara Arancibia con convicción.
Frente a las voces que sugieren que los pescadores artesanales no logran capturar su cuota asignada, Arancibia fue categórico. Citando información del gerente de Pacific Blu, Marcel Moenne, reconoció la realidad de que los artesanales a menudo no pueden pescar más del 50% de su cuota. Sin embargo, Arancibia invierte la causalidad de este problema: «Esto no es causa, sino es consecuencia del exterminio que ha generado la pesca industrial en los caladeros históricos de merluza, a través de la técnica del arrastre que impide que el recurso pueda seguir sus flujos normales a las costas de nuestro territorio, como antiguamente sí ocurría».
En sus palabras, la pesca de arrastre industrial ha devastado los ecosistemas marinos, privando a los pescadores artesanales de la posibilidad de acceder a la cuota que legítimamente les corresponde. «La industria, con una técnica exterminatoria, está dejando sin la posibilidad de pescar esa cuota que los pescadores artesanales necesitan y está disponible según reglamento», concluyó Arancibia, dejando en claro que la lucha por una pesca justa y sostenible en el Biobío y Ñuble está lejos de terminar.
SOJ

