Un manto de memoria y reflexión cubre hoy la comuna de Cañete, en la Región del Biobío. Exactamente un año atrás, justo en el Día del carabineros, la violencia extrema segó la vida de tres carabineros en una emboscada que conmocionó al país entero. Los cabos primeros Sergio Antonio Arévalo Lobos y Misael Vidal Cid, junto al cabo primero Carlos José Cisterna Navarro – hoy recordados póstumamente como suboficiales mayores – fueron víctimas de un ataque despiadado: baleados y luego incinerados, sus cuerpos abandonados a un costado de la ruta que conecta Cañete con Tirúa, a la altura de Antiquina.
La brutalidad del crimen resonó con особая fuerza al coincidir con el 97° aniversario de la institución de Carabineros de Chile. La tragedia tuvo consecuencias inmediatas, entre ellas, el aplazamiento de la salida del entonces general director Ricardo Yáñez, quien al día siguiente debía dejar su cargo tras ser formalizado por omisión en casos de apremios ilegítimos durante el estallido social.
Por el triple homicidio, la justicia ha imputado a tres hermanos: Jefferson, Felipe y Tomás Antihuén Santi, formalizados por homicidio de carabineros en ejercicio de sus funciones, incendio, robo con violencia, porte ilegal de arma convencional y prohibida, así como por el traslado ilegal de restos humanos. Un año después, quienes vivieron de cerca la tragedia rememoran el impacto imborrable en la comunidad de Cañete.
Humberto Toro, delegado presidencial provincial de Arauco, fue la primera autoridad gubernamental en ser informada y en llegar a la escena del crimen. «Cerca de las 5 de la mañana me llama el coronel a cargo de COP de Carabineros para informarme que había habido un ataque y que habría carabineros involucrados. A ese minuto no era mucho lo que se sabía. Yo llamo inmediatamente al (entonces) subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, y le cuento lo que me dijeron. Tras esto me dirijo a la zona donde me indicaron habría ocurrido y en el trayecto me vuelven a llamar y dar ya más certezas: hay tres carabineros muertos, disparados y quemados. Nuevamente le reporto a Monsalve y la delegada Daniela Dresdner (quien dejó el cargo en noviembre de 2024)».
El delegado Toro describe el impacto como el más profundo que ha experimentado en su vida: «Fue el impacto más grande que he vivido en mi vida, no solo política, sino que en todo. Era una imagen dantesca, impactante. Los vi ahí, quemados. No podía entender el nivel de maldad. Las caras de todos los que estábamos era de película de terror. Una mezcla de emociones, como si mi cuerpo estuviera ahí, pero no mi consciencia». Con una conexión personal con los presuntos responsables, a quienes conocía, Toro destaca la inesperada reacción de la comunidad: «Al inicio incredulidad, dolor, consternación, pero lo potente fue que la respuesta de todos fue de que se iba a salir adelante, de ayudar en la investigación, de demostrar que no se iban a amedrentar con el mensaje que quisieron dar los autores. Fue el mejor homenaje para los mártires caídos. Y eso lo veo hasta hoy, una comunidad mucho más unida, con un gran apego por la institución. También destacar a las empresas, que ante lo ocurrido era fácil llegar e irse, pero mantuvieron sus faenas, se mantuvieron en el territorio, confiaron».
Jorge Radonich (RN), alcalde de Cañete, también recuerda el impacto inicial en la comunidad: «La comunidad de Cañete reaccionó con mucho temor, con mucha pena, con impotencia también, porque en realidad había sido muy fuerte el golpe para una institución que estaba recobrando confianzas». Sin embargo, Radonich percibe un cambio significativo en la relación entre la comunidad y Carabineros tras la tragedia: «He visto un cambio absolutamente notorio respecto a la aceptación de carabineros en el sector. La gente hoy día mira con mucho más cariño a la institución… en general la percepción de la gente hacia carabineros mejoró visiblemente».
La tragedia caló hondo en el seno de Carabineros. La capitán Javiera García, del equipo de comunicaciones, viajó de inmediato a la zona para gestionar la delicada situación informativa. «Sin dudas lo más fuerte que he vivido yo y lo hemos conversado con muchos otros que llevan más años. No es comparable con nada que haya ocurrido, tres funcionarios, la fecha, cómo fue el crimen, todo. Ya ningún aniversario será como antes, siempre estará el recuerdo de nuestros mártires», reflexiona. La incredulidad se apoderó de las oficinas centrales en Santiago al recibir la noticia. Las más altas autoridades y equipos especializados se trasladaron a la zona. «Al llegar vi consternación, pena, rabia, porque hay muchos carabineros que son de Cañete, vecinos de la gente de ahí, que los vieron en colegio, luego en las calles. En muchas familias de la zona hay por lo menos un integrante que haya estado en la institución, entonces el arraigo es fuerte. Para mí lo que más me conmocionó fue que llegaron madres de carabineros, de todo el país, a nuestros cuarteles, algo que nunca antes había visto. En las calles la gente al saber que eres carabinero te abraza, te da un saludo, te agradece. Sin dudas esta tragedia reforzó el lazo».
Hoy, a un año de la emboscada, Cañete recuerda con dolor a sus mártires, pero también con la fortaleza de una comunidad que, ante la barbarie, eligió la unidad y el apoyo a la institución que juró protegerlos. La herida sigue abierta, pero el espíritu de resiliencia de Cañete y el renovado lazo con Carabineros son un testimonio de la profunda huella que dejaron Sergio, Misael y Carlos en su tierra.
SOJ





