Biobío Combate la Sequía: Inversión Estratégica de OO.PP por $430 Millones. ¿Los recursos son suficientes?

Ante la creciente amenaza de la sequía, la región del Biobío despliega una estrategia integral para asegurar su futuro hídrico. Una inversión de $430 millones se destinará a la elaboración de Planes Estratégicos de Recursos Hídricos (PERHC), una iniciativa liderada por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) en colaboración con diversas instituciones. Estos planes buscan establecer una hoja de ruta coordinada y técnicamente sólida para la gestión del agua, basada en diagnósticos exhaustivos y proyecciones precisas a nivel de cada cuenca hidrográfica.

La Dirección General de Aguas (DGA) del MOP enfatiza que el objetivo primordial es «construir una mirada coordinada, técnica y participativa que permita entender cómo estamos gestionando el agua y qué acciones debemos tomar para garantizar su disponibilidad en el futuro». En el caso específico del Biobío, el PERHC correspondiente al río homónimo, la arteria hídrica más importante del sur del país, se erige como una herramienta fundamental para mitigar los impactos del cambio climático y asegurar el abastecimiento de agua para las generaciones venideras.

Matías José Mendoza Lama, director regional de Aguas, subraya el alcance inclusivo del plan: “El Plan Estratégico de Recursos Hídricos busca un beneficio para todos los actores y sectores productivos inmersos en la Cuenca, donde cobra especial fuerza el rubro agricultor, por corresponder a una fuente económica importante en la Cuenca”. El estudio, denominado “Análisis de la cuenca del Río Bio Bío para la formulación del plan estratégico de recursos hídricos”, se desarrollará a lo largo de 26 meses mediante un proceso de licitación.

Sin embargo, la elaboración de este ambicioso plan no está exenta de voces cautelosas. Desde el Laboratorio de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad del Bío-Bío (UBB), su director, Aaron Napadensky, advierte sobre el riesgo de que valiosos estudios e investigaciones terminen «ensanchando los anaqueles» si no logran una incidencia real en la planificación territorial, las regulaciones y las normativas vigentes. «Todo estudio se le pide que tenga sentido, y que genere reverberación en un instrumento de planificación territorial, porque si no, terminan siendo estudios que, por muy interesantes que sean, no generan implicancias reales en la forma en que se ocupan los territorios», enfatiza el académico.

Napadensky recalca la urgencia de una visión territorial unificada que trascienda las divisiones políticas y administrativas, especialmente ante los embates del cambio climático y la prolongada sequía. «No sacamos nada con que Concepción cuide su relación con el río y el agua, si río arriba, en comunas como Nacimiento, Chiguayante o Hualqui, no hacen lo mismo. Por eso, cada día crece más la conciencia de que la gobernabilidad del territorio debe pasar por espacios de unificación de las autoridades en torno a las cuencas hidrográficas».

El académico de la UBB también pone de manifiesto la desconexión existente entre las políticas de regulación del suelo en el mundo urbano y rural, señalando las consecuencias de una visión fragmentada: «Quizás si hubiésemos tenido una visión más integrada, hoy no tendríamos asentamientos rurales donde no hay agua, y donde hay que llegar con camiones aljibe porque las plantaciones forestales han consumido todas las napas freáticas y secado los pozos».

Desde el director del Centro EULA, Ricardo Barra, valora los avances en la recopilación de información y los estudios de modelación hídrica, destacando su potencial para anticipar la disponibilidad futura del recurso. «Este tipo de datos va a permitir modelar escenarios futuros, que es un aspecto crítico. Cuánta agua vamos a tener, hasta cuándo podremos seguir extrayendo agua subterránea sin secar los acuíferos».

No obstante, Barra comparte la preocupación sobre la suficiencia de los recursos asignados para la magnitud del desafío. «Los fondos que parecen ser abultados, son, a nuestro juicio, insuficientes para lo que se quiere alcanzar. Existe el riesgo de que los resultados que se obtengan no sean los que realmente se necesitan», advierte el director del Centro EULA.

Ambos académicos coinciden en la necesidad de repensar la infraestructura hídrica existente ante un nuevo régimen de lluvias, caracterizado por precipitaciones más concentradas y menos frecuentes, abogando por una gestión inteligente de embalses y sistemas de captación. Asimismo, valoran las recientes reformas al Código de Aguas, que priorizan el consumo humano, pero insisten en la urgencia de una implementación efectiva y con una perspectiva territorial integral para que realmente marquen una diferencia en la lucha contra la sequía en el Biobío. La inversión anunciada representa un paso crucial, pero su éxito dependerá de la visión, la coordinación y la asignación de recursos adecuados para traducir los estudios en acciones concretas que aseguren el agua para el futuro de la región.

SOJ