El contradictorio y mal llamado Comité de Ministros -sin ningún ministro- y completamente atípico, definirá el futuro de Dominga tras 11 años de polémicas.
Un comité presidido por un jefe de división, sin la participación de ministros, deberá resolver mañana una docena de reclamaciones asociadas al controvertido proyecto minero, cuyo proceso ha estado marcado por la judicialización y la polarización.
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Mañana se desarrollará una histórica sesión del Comité de Ministros que definirá el futuro del proyecto minero Dominga. Esta instancia, conformada exclusivamente por funcionarios de carrera, deberá resolver una serie de reclamaciones asociadas al proyecto, luego de que el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta anulara la resolución que lo rechazaba.
La decisión de este comité atípico, sin la participación de ministros, marca un hito en la historia del proyecto Dominga, que ha estado en el centro de una intensa polémica durante más de una década. El proyecto, valorado en US$ 2.500 millones, ha transitado por un laberinto de procedimientos judiciales, generando una profunda división entre quienes defienden el desarrollo económico y quienes priorizan la protección ambiental.
El fallo del tribunal ambiental que obligó a convocar este nuevo comité, argumentó que las autoridades políticas habían infringido los principios de imparcialidad y confianza legítima al rechazar el proyecto. Además, el tribunal adjudicó actuaciones ilegales a los secretarios de Estado involucrados en la decisión.
La resolución de mañana no solo determinará si Dominga se construye o no, sino que también tendrá un impacto significativo en la institucionalidad ambiental chilena y en la percepción de la ciudadanía respecto a la gestión de grandes proyectos de inversión.
FEREPA Biobío
En este contexto, la Federación Regional de Pescadores Artesanales del Biobío (FEREPA) ha encendido las alarmas ante la inminente decisión del Comité de Ministros sobre el proyecto minero portuario Dominga. Mañana, miércoles 8 de enero, se decidirá el futuro de uno de los ecosistemas marinos más ricos de Chile y, con él, el sustento de miles de familias.
El puerto y la planta desalinizadora de agua se ubicarán a 30 km lineales de la Reserva Nacional
del Pingüino de Humboldt zona declarada Santuario de la Naturaleza y que hoy está
nuevamente en riesgo de ser dañado irremediablemente.

«No podemos permitir que uno de los ecosistemas más ricos, completos y bellos que tiene nuestro país pueda ser destruido sólo por los intereses económicos de la empresa Andes Iron, controlada por la familia Délano. Es decir el poder económico sobre la protección de la vida y el medioambiente una vez más en nuestro país», afirma Cristián Arancibia, presidente de FEREPA Biobío.
La construcción de un puerto y una planta desalinizadora se ubicarán a 30 km lineales de la Reserva Nacional del Pingüino de Humboldt, un santuario de estas características, representa una amenaza directa para la biodiversidad marina y la calidad del agua. Esta actividad industrial pondría en peligro la supervivencia estas especies y atentaría gravemente a la pesca artesanal, principal fuente de ingresos para las comunidades costeras.
Arancibia ha denunciado que este proyecto no solo destruirá un ecosistema único, sino que también causará un daño irreparable a la economía local. «La pesca artesanal es parte de nuestra identidad y de nuestro futuro. No podemos permitir que intereses económicos privados pongan en riesgo nuestro mar y nuestra forma de vida», afirmó.
Ferepa Biobío, organización que reúne a 87 Sindicatos de Pescadores Artesanales de la región del Biobío, manifiesta su más enérgico rechazo al Proyecto Minero Portuario Dominga, y enfatizamos que “la catástrofe no será solo ambiental sino también social, en un territorio donde existe un sinnúmero de emprendimientos turísticos ligados a la pesca artesanal, los cuales dependen exclusivamente de la calidad de los recursos del mar que habitan, el cual se mantiene inalterado, tal como era en su forma primera”.
La comuna de La Higuera es fuente de gran cantidad de recursos marinos y espacio de oficios que son patrimonio cultural, como la recolección de algas, mariscos, buceo, caza submarina y pesca, “todas ellas permiten a los pescadores sustentar a sus familias y garantizar la educación de sus hijos. Ante este escenario no podemos permitir que se destruya el ecosistema y la calidad de vida de quienes trabajan con gran esfuerzo en su entorno”, termina diciendo Cristián Arancibia.
SOJ





