Supone una contradicción, por una parte, el acceso al conocimiento y a herramientas científicas y tecnológicas como signo de este tiempo sin precedentes en instrumentos disponibles para la gestión pública. Todo esto en contraste con debates crecientemente emocionales marcados por un evidente advenimiento del populismo que se expresa en ofertas que no logran procesar problemas complejos. Todos estos caracterizados por la grandilocuencia de slogans efectistas, que tienden a poner en valor ideas que suelen factualmente ponerse por sobre las instituciones ilustradas que más han aportado a la paz y la prosperidad.
Las respuestas fáciles a problemas crecientemente complejos, van degradando la idea de la política como arte de gobernar.
La intuición y la improvisación en las respuestas del Estado a los problemas colectivos se van imponiendo a las políticas públicas debidamente formuladas, implementadas y evaluadas con rigor.
La modernización del Estado entonces ya no sólo se trata de aportar a la eficiencia y la eficacia del Estado en su capacidad de ofrecer respuestas a los problemas públicos si no se trata de un mandato moral que debe conjugarse con un enfoque transversal en los derechos fundamentales, respondiendo a su escencia y en el derecho humano al desarrollo.
Si consideramos que la primera función del Estado, es la protección, defensa y promoción de los derechos fundamentales y relevamos como un derecho fundamental que marca el rol de los Estados modernos la promoción del desarrollo como derecho humano.
Entonces adquiere un imperativo ético, la planificación, el rigor y una modernización del Estado que lo oriente a cumplir su rol en materia de derechos fundamentales y a promover el desarrollo.
Podriamos entonces invitar a los candidatos en este año electoral a pronunciarse, respecto por ejemplo a la posibilidad que en linea con politicas comparadas se pueda institucionalizar un plan nacional de desarrollo y una definición de rango constitucional respecto de la definición, con la fuerza de objetivos compartidos, de políticas permanentes de Estado, en cuanto instrumentos que ofrezcan un marco institucional a las intervenciones del Estado, para contar con políticas, planes y programas dotados de dirección estratégica orientada a un conjunto de objetivos comunes.
Si pensamos en los retos más acuciantes y urgentes como los de seguridad, la regulación de la migración, la recuperación de un crecimiento económico con base en la inversión que amplíe las oportunidades, la recuperación de una política fiscal de super habit estructural y la revitalización de la democracia en cuanto articuladora de la convivencia colectiva, entonces hablamos de una profunda modernización del Estado, desde la voluntad política de articular la vida colectiva y de ofrecer respuestas estructuradas, sistematicas, rigurosa, pertinentes y legítimas a los problemas colectivos, desde miradas multisectoriales para abordar problemas tambien multifactoriales, en forma colaborativa para movilizar todas las capacidades del Estado en su comprensión más amplia que maximicen las posibilidades de respuestas que revaloricen la democracia liberal como base de la paz, la tolerancia y el futuro compartido.
Será posible elevar el nivel del debate????
Será posible pensar programas vinculantes que trasciendan a objetivos electorales.
Para que la política vuelva a ser un factor de esperanza en un futuro de progreso, ya es tiempo de pasar de la politiquería a la ciencia de gobernar con sentido prospectivo pasando como dice Harari, de la «intuición a precisión» . Y de la improvisación a la planificación.
Augusto Parra Ahumada
Presidente Fundación República en Marcha
Estimado Director
Junto con saludarle de mi mas alta consideración, le comparto una columna, en el anhelo resulte de utilidad, hago propicia la oportunidad para saludarlo y felicitarlo junto a Pepo por el gran trabajo, hora 12 se ha ido consolidando como un medio, que va resultando un referente obligatorio y con creciente influencia regional.
Augusto Parra Ahumada





