La Resurrección de las Regiones

La convergencia de dos celebraciones o conmemoraciones que invitan a un domingo de recogimiento y reflexión. La Pascua de Resurrección llena de colores, dulces, la alegría de los niños a la que subyace la resurrección de la esperanza y la fe en Cristo, y el amor a la humanidad que supera al horror, a la miseria humana para encender la llama de la fe en el corazón de la humanidad. Y la que parece más bien la triste conmemoración del día de las regiones, oportunidad siempre también para reencontrarse con la esperanza de un futuro mejor para un país fracturado territorialmente, dividido en chilenos de distinta categoría según la comuna, localidad o incluso barrio o sector en que nacen, escogen o simplemente les toca para desarrollar su proyecto de vida. 

El día de las regiones nos recuerda con fuerza uno de los más imperdonables fracasos de la política y su incapacidad de respuesta para construir un Chile más justo, cohesionado e inclusivo. La desigualdad territorial no tiene que ver con un Estado más omnipresente anhelado por quienes profesan ciertas convicciones con base ideológica o aumentar impuestos y es quizá donde existe aquella desigualdad de trato que sin color político no puede dejar indiferente a nadie . Una de las labores sociales y económicas de un Estado orientado al bien común es el combate a la pobreza a la pobreza multidimensional o los factores determinantes del riesgo o la susceptibilidad de las familias de caer en la pobreza y es ofrecer un piso de oportunidades y bienes públicos equivalentes y sin distinción, tareas frente a las que fracasamos una y otra vez. 

Entonces, ¿qué es lo que falla? Me atrevo a afirmar que tenemos un problema de diseño institucional en un sistema de inversión público que abandonó la ruralidad y que reproduce y profundiza las desigualdades territoriales de trato desde incentivos a la rentabilidad social que descuidan objetivos de desarrollo que pueden llevar dignidad, bienestar y oportunidades a las personas, para reemplazarlos por la simple maximización del números de beneficiarios en relación a lo montos de inversión. Y un diseño institucional que no cuenta con las herramientas y la orientación adecuada para corregir injusticias y más bien carente de mirada estratégica. 

Los Gobiernos Regionales en su esencia están orientados a promover el desarrollo de las regiones sin embargo sus orientaciones estratégicas desde sus instrumentos de planificación creados por Ley están lejos de contar con la fuerza necesaria y las múltiples necesidades y urgencias de las regiones los devienen muchas veces en un ejercicio económico complejo de múltiples necesidades y recursos muy limitados que terminan por tener un impacto reducido frente a su objetivo central de reducir brechas de desigualdad territorial. Sin ahondar en el diagnóstico y considerando el propósito de esta reflexión me atrevo a aventurar 3 prioridades urgentes. Retomar una agenda de descentralización política, administrativa y fiscal que va en la línea de entregar mayor autonomía a las regiones, siempre acompañada de los controles administrativos y políticos para asegurar el uso pertinente de los recursos públicos.

Un rediseño del sistema de inversión público que lo Oriente al logro de objetivos de desarrollo tales como la reducción de la pobreza, la pobreza multidimensional en sus distintos factores considerados por el Banco Mundial educación y niñez; salud, agua, saneamiento sanitario; Oportunidades de trabajo; Acceso a servicios básicos y públicos, conectividad, transporte y bienes y servicios; Vivienda y entorno…etc. Y desde la gestión regional con una planificación desde sus instrumentos formales rigidizar, transparentar y orientar la inversión a objetivos de desarrollo compartidos en una visión estratégica que ponga al progreso entendido como la mejora de la condición humana de las personas en el centro. El día de las regiones también puede resucitar la esperanza en el desarrollo, que con una descentralización enmarcada en la modernización del Estado puede hacer posible un Chile justo, inclusivo y más cohesionado que pueda avanzar hacia un desarrollo equilibrado, inclusivo y sostenible.

* Augusto Parra Ahumada, presidente regional de Amarillos por Chile