Se confirma el milagro del domingo de resurrección: Los Pescadores sobreviven a la deriva sin motor, sin ancla y sin remos

Recorrieron 323 kilómetros. El jefe de la embarcación rogaba a Dios por consejos para sobrevivir.

Rodrigo Cruz García (50) y Diego Cruz Guzmán (23), padre e hijo, vivieron un verdadero viacrucis en alta mar tras sufrir una avería en su embarcación «Alexia Esperanza» mientras navegaban desde la Isla Santa María hacia Coronel. Durante siete días estuvieron a la deriva, sin motor, sin ancla y sin remos, soportando condiciones climáticas adversas y con escasos recursos para subsistir.

Un milagro de Domingo de Resurrección los salvó. La lancha a motor «Soledad» los encontró a 12 millas de la costa de Pichilemu, poniendo fin a una angustiosa búsqueda que se extendió por mar, tierra y aire.

Las causas de la deriva aún se investigan. Sin embargo, las autoridades marítimas confirmaron que las corrientes y los vientos predominantes en esos días empujaron la embarcación hacia el norte, tal como lo habían previsto los propios pescadores.

La experiencia de Rodrigo y Diego fue crucial para su supervivencia. Ambos son pescadores artesanales y conocían las condiciones del mar en la zona. A pesar de la incertidumbre y el miedo, lograron mantener la calma y tomar decisiones racionales.

El reencuentro con tierra firme fue emotivo. En un video compartido por la Armada, se ve a Rodrigo Cruz visiblemente conmocionado, relatando la dura experiencia y agradeciendo por su rescate.

Las autoridades destacaron la importancia de la planificación y el equipamiento adecuado al navegar. Este caso es un ejemplo de cómo la falta de estos elementos puede convertir una travesía rutinaria en una lucha por la supervivencia.

Más allá del rescate, el caso abre interrogantes sobre las condiciones de trabajo de los pescadores artesanales. La falta de recursos, la precariedad de algunas embarcaciones y la ausencia de medidas de seguridad ponen en riesgo la vida de quienes se ganan la vida en el mar.

Este Domingo de Resurrección, Rodrigo y Diego tuvieron una segunda oportunidad. Su historia nos recuerda la fragilidad de la vida, la importancia de la solidaridad en el mar y la presencia de Dios.