Tecnología: L a disputa real de China y Estados Unidos

No se dispara ni un proyectil, no se desplazan grandes ejércitos de miles de soldados, no  existe una fuerza atómica submarina, ni los impresionantes portaaviones, tampoco la flota de los poderosos F-35, o los aparatos invisibles no tripulados, ni la robótica. Nada de eso se utiliza en la verdadera guerra que se libra todos los días por la tecnología entre China y Estados Unidos.  Sólo se necesita un laboratorio equipado y tecnologizado, investigación científica, materias primas y el talento humano.

Lejos de los campos de batalla, la carrera armamentística o la competencia por el control de las materias primas y los recursos energéticos, el dominio de la alta tecnología dirimirá la disputa por el poder global en las próximas décadas. “La innovación tecnológica va a marcar la geopolítica del siglo XXI y será la que determine qué países contarán con las capacidades para posicionarse mejor en la nueva economía digital”, señala, en diálogo con DEF, Águeda Parra, experta española en el análisis de este complejo entramado y editora del espacio de reflexión #ChinaGeoTech.

“En plena transformación hacia una economía tecnológicamente más sensible, son los chips, y no el petróleo, los que establecen las directrices de cómo, quién y a qué ritmo asume el liderazgo”, manifiesta la autora del libro China, las rutas de poder. En ese marco, afirma, los semiconductores o chips, como comúnmente se los conoce, serán “parte esencial en la transformación que el desarrollo de la economía digital va a ejercer sobre determinados sectores”. Los ejemplos van desde una industria tradicional, la automotriz; hasta ámbitos de punta, como la inteligencia artificial, la Internet de las cosas, la computación en la nube y la tecnología 5G de la telefonía móvil.

La Industria global

Un sector clave en este nuevo escenario es el de los semiconductores, esenciales en la nueva revolución tecnológica a la que estamos asistiendo. Podríamos definirlos como productos de gran complejidad que proveen la funcionalidad para el procesamiento, la transmisión y el almacenamiento de datos en todo tipo de equipos electrónicos. En 2021, el volumen global de ventas de este mercado alcanzó los 555.900 millones de dólares y registró un récord de producción de 1,15 billones de unidades.

Existen, de manera genérica, cuatro grandes actividades en la cadena de suministros de esta industria: el diseño, la fabricación, el ensamblaje y el testeo. En ese ecosistema tecnológico, las llamadas empresas “sin fábrica” se ocupan puntualmente del diseño de los circuitos integrados; en tanto que, en la etapa de producción, las denominadas “fundidoras” se dedican a la conformación de las obleas de silicio y su transformación en chips. Este último segmento está deslocalizado en el Extremo Oriente y es el que hoy enfrenta a China con los Estados Unidos de Norteamérica.

Taiwán y Corea del Sur

En el continente asiático se está librando una suerte de TEG regional. En la estratégica isla de Taiwán, considerada por China como una “provincia rebelde” que forma parte inalienable de su territorio, se fabrica actualmente el 92 % de los chips más pequeños, sofisticados y eficientes, con tamaños de 7 nanómetros o menos. La empresa que domina ese segmento es la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), una compañía valuada en 454.000 millones de dólares, tiene como principal destino el mercado estadounidense. Su mayor competidora es la surcoreana Samsung, que controla el 8 % del segmento de los microchips y tiene a China como un cliente privilegiado.

Un estudio del Boston Consulting Group (BCG) y de la Asociación de la Industria de los Semiconductores de EE. UU. (SIA), publicado en abril del año pasado, advierte sobre los riesgos asociados a esta concentración del mercado de las “fundidoras” en una única zona geográfica. “La manufactura aparece como el principal punto focal a la hora de evaluar la robustez de la cadena global de suministro de la industria de semiconductores”, afirma el trabajo, en el que se hace hincapié en la “alta actividad sísmica” y las “tensiones geopolíticas” que caracterizan la región del Asia Oriental y que podrían generar disrupciones en el abastecimiento de chips.

“Las tensiones geopolíticas podrían derivar en controles a las exportaciones y en la dificultad de acceso a proveedores claves de tecnología, herramientas y productos esenciales”, añade el reporte, en el que se alerta, además, sobre las consecuencias de las medidas proteccionistas en un sector tan globalizado. “Esos controles podrían restringir el acceso a importantes mercados de destino de la tecnología, lo que, a su vez, podría provocar la significativa pérdida de economías de escala y comprometer la capacidad de esta industria para sostener los actuales niveles de investigación y desarrollo (I+D) e inversiones intensivas en capital”. Con todo, la verdadera batalla se está configurando en la tecnología y especialmente en materia de los avanzados semiconductores. (Fuente: Infobae y agencias).